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25 de julio de 2019, 4:00 AM
25 de julio de 2019, 4:00 AM

Me refiero a las 15 salas velatorias que construye el Gobierno Municipal, y no a las otras que son emprendimientos privados y persiguen fines de lucro. En cambio, las salas que estarán distribuidas en los 15 distritos del municipio más grande del país, podrán ser utilizadas por los vecinos independientemente de su estatus social y económico, pero mejor si es para el aprovechamiento de la gente pobre de solemnidad (aquella que nace en el suelo y muere en el suelo) y que tiene derecho a un lugar decente donde pueda ser velada por sus parientes y amigos sin erogar un centavo. Y tengo entendido que el beneficio incluye el usufructo de una fracción de terreno para la cristiana sepultura.

De las 15 salas proyectadas ya han sido estrenadas cinco de ellas, y a las faltantes se les augura un gran porvenir, porque, “morir es una costumbre que suele tener la gente”. Y cuando todas estén concluidas y en servicio, se podrá decir que será cosa del pasado los velatorios en el canchón de la tapera y a la luz de la luna, con dolientes sentados en ‘toco’, como en los cuadros costumbristas de don Armando Jordán. Por supuesto que algunos, por razones puramente sentimentales, optarán por continuar con la tradición de velar a sus difuntos a domicilio y con los amigos del barrio, pero la tendencia es el cambio de época que acabará por imponerse.

Ojalá que al alcalde le alcance su gestión para completar el proyecto, y que nosotros vivamos para contarlo y si oye a los perros ladrar es señal de que avanza y de que hay que seguir adelante sin prestarles la más mínima atención. En todas sus gestiones, el alcalde, ha construido otras obras sociales que sería largo enumerar, pero esta de las salas velatorias, por la connotación que tienen, son las que se llevan la palma y por las que podría alcanzar la posteridad, siempre y cuando esa sea la voluntad de los vecinos.

Oficialmente el alcalde ha declarado que ya no buscará repostularse, y al solo anuncio, se ha producido el destape de aspirantes al sillón edil, muchos de los cuales ‘son cara conocida’, se les conoce el trote, se sabe cuál es el techo de su capacidad gerencial, y también su oportunismo cíclico que se pone manifiesto en cada periodo electoral buscando probar suerte y ligar siquiera alguna concejalía para no quedar fuera del esquema. Consiguientemente, cualquiera de ellos que asuma el poder municipal, no aportará nada de su propia cosecha, a lo sumo, se limitará a cortar cinta en cada entrega de obras ejecutadas por el alcalde saliente. Total, “nadie nace sabio – decía nuestro poeta Rómulo Gómez-, se aprende viviendo”, y nosotros agregamos que, a falta de ideas propias, también se aprende copiando. En resumidas cuentas, quienes al igual que el suscrito, solo “les espera el entierro sin resurrección posible”, el anuncio de las salas velatorias no deja de ser una buena noticia, en medio de tantas malas.

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