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Las sociedades vacías están compuestas por gremios poderosos sin reglas sociales, cuyos miembros no son voz sino eco de quienes se organizan en denominadas “dirigencias” o “cúpulas” y determinan políticas antisociales porque no responden a la gente en general, sino a unos cuantos.

Una sociedad vacía es la que repite una consigna como loro y cree a rajatabla lo que le dice la propaganda; los “talkshow”, cualquier bellaco profesional en todología, “experto” en materia económica, social, ambiental, cultural, etc. Y en realidad solo saben manipular.

Una sociedad vacía es la que se deja llenar de intolerancia y odio inoculado a través de propaganda que busca paralizar el razonamiento y el humanismo, en las familias, en los barrios, en las ciudades, en las redes; sembrar estigmas es un negocio bien pagado.

Se trata de sociedades fraccionadas por el odio inoculado, incapaces de respetar al otro, sociedades insensibles con el otro que puede pensar y ser diferente, pero que no por eso debe ser excluido ni condenado. Son sociedades sin sentido de democracia.

Una sociedad vacía es la que cree en la corrupción como única vía de alcanzar el poder.

Las sociedades vacías son las manipuladas por “enemigos” que después se sientan entre ellos a negociar nuestra ingenuidad.

Una sociedad vacía es la que llena al prójimo de membretes: “Si no estás de acuerdo conmigo, sos un traidor, un pecador, un ladrón”.

Las sociedades vacías son racistas, misóginas, homofóbicas, depredadoras y están acabando con el planeta entero. Son las que atentan contra la vida, las que no dejan espacios futuros para las niñas y los niños

A las sociedades vacías las convencieron de que se debe desconfiar de todos y se debe odiar.

¿Quiénes están haciendo esto con nuestra sociedad, con nuestros pueblos? Los ambiciosos del poder por el poder, de la plata por la plata, los que compran mujeres, pero no su amor, los que se venden por un auto y se desclasan, los que se encaraman en las instituciones para arrimarse a un nuevo grupo social “de élite”, adulones de quienes les dan poder y nos convencen de que las leyes no sirven, de que las autoridades no sirven, de que nosotros no servimos para reinar y aparecer hasta de “nuevas autoridades”

Una sociedad vacía es la que elige a sus mandatarios o líderes por consigna y no por conciencia.

Y hasta ahora ningún candidato ha dicho lo que va a hacer con el cambio climático, con nuestros parques, bosques, ríos y ciudades sobrepobladas, lo que hará con la salud, contra el infanticidio y el feminicidio; cómo atenderá la educación (inteligencia informada racional), lo que va a hacer con la economía y el empleo (oportunidades), con las empresas formales o los profesionales.

Las sociedades vacías acaban autodestruyéndose porque han perdido el sentido y la razón de ser, no diferencian la mentira de la verdad para complacencia de los que a río revuelto…

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