Opinión

Las tramas de la “Imagen Gobierno”

Guadalupe Peres-Cajías 22/2/2021 08:05

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El 13 de enero de este 2021, en medio del complejo contexto de la pandemia y uno de los momentos más difíciles de la segunda ola en Bolivia, el gobierno de Luis Arce Catacora aprobó el decreto 4445 que promueve una nueva “Imagen Gobierno”, representada por una cruz andina.

Llama la atención que la administración nacional del Movimiento Al Socialismo (MAS) focalice esfuerzos en esta iniciativa y en las sesenta y dos páginas del “Manual de Identidad Imagen Gobierno”, con tantas otras necesidades urgentes para preservar el derecho fundamental a la vida y el bienestar de los bolivianos.

Por ello, considero importante analizar ¿cuáles son las tramas, es decir los motivos e implicancias, de la nueva “Imagen Gobierno”?

Como indican teóricos críticos del lenguaje (E. Gruner, 1998), es fundamental analizar las intenciones y los posibles efectos de las representaciones simbólicas, promovidas por las estructuras de poder, pues el objetivo común de estas últimas es consolidar el poder adquirido, a través de sus prácticas discursivas.  

En el caso de la “Imagen Gobierno”, la intención de la misma se justifica como  “la expresión resumida de la composición geográfica y social de todo un país, tratándose de conceptos tan potentes como la inclusión, la democracia, la igualdad, la no discriminación” (pg.8, Manual de Identidad Imagen Gobierno, 2021). 

Este propósito podría ser considerado fundamental para el devenir colectivo de los bolivianos. Sin embargo, el argumento inclusivo y articulador parece diluirse por dos elementos adyacentes al lanzamiento del logo: (1) el reemplazar al histórico y representativo escudo tricolor por la nueva imagen, con carácter de “obligatoriedad” (Art.3 del decreto 4445), supone marcar una distancia entre quienes defienden un símbolo y otro; (2) el énfasis en la “Imagen Gobierno” de la cruz andina y la wiphala fortalece la visión andinocentrista de un país que trasciende las frías montañas.

En jornadas recientes, ciudadanos bolivianos viralizaron la imagen del tradicional escudo tricolor con la frase “Yo defiendo mi escudo”, despertando en los lectores empatías, pero también diferencias.

Por esto último, no será casual que surja una tendencia similar con quienes se sientan más identificados con la cruz andina, como ocurrió con la viralización y uso de la wiphala, luego de la renuncia del ex presidente Evo Morales, en 2019.

Como advirtió la tesis de María José Peña (2019), el uso de la wiphala por parte del MAS ha marcado las diferencias entre unos bolivianos y otros. La “Imagen Gobierno” -que tiene a los colores de esta bandera como soporte primario (pg.10 del Manual)- parecería tener el mismo efecto: profundizar la división entre ciudadanos. Una consecuencia lejana del objetivo de “inclusión” del nuevo logo.

Asimismo, el énfasis de la “Imagen Gobierno” en la cruz andina y la wiphala refuerzan la histórica mirada andinocentrista en la administración del estado boliviano. Aunque pretende alejarse de esta visión, al añadir las nominaciones y motivos de la“Amazonía” y el “Chaco” a dos de los ejes de la cruz, el origen de la imagen (pg. 9 del Manual) se vincula exclusivamente con el “Pachakuti”, “la cosmovisión andina” y “El Cuadrado Mágico de Tiwanaku”.

Con el indiscutible valor que tienen estas referencias, no existe ninguna alusión al “Ivy marä ey” (la Tierra sin Mal) de los guaranís, al tan preciado monte de los ayoreos o a la herencia afroboliviana. Tampoco hay vínculo alguno con el área urbana, que acoge al 70% de los bolivianos. Ergo, el propósito del logo para sintetizar “la composición geográfica y social de todo un país” se diluye en el enunciado.

Se profundizan las diferencias entre bolivianos, al tiempo que se vulnera la Constitución Política del Estado. Como denunció Carlos D. Mesa, el reemplazo del escudo de armas con la nueva “Imagen Gobierno” contradice los artículos 6 y 108 (numeral 13), relacionados con los simbolos del Estado.

En consecuencia, el reciente lanzamiento de la “Imagen Gobierno” parece replicar dos lamentables prácticas del anterior gobierno del MAS: profundizar las distancias entre bolivianos y olvidar el compromiso con la Constitución vigente en Bolivia. 

¿Será esta la proyección de otra amenaza a la democracia, como se recuerda el 21 de febrero?  Esperemos que no.

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