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¿De qué depende el efecto de una crisis en la economía?

Esta pregunta es similar a evaluar los efectos de una enfermedad en una persona. Los efectos dependerán de I) las condiciones previas; II) la intensidad de la dolencia; y, III) el tratamiento médico. Estos elementos derivarán en el efecto duradero que podría tener esta dolencia.

Con esa analogía veamos cuáles eran las condiciones previas de Bolivia antes de la pandemia. Según Oxford Economics, nuestro país era el más vulnerable a la pandemia en el mundo. En lo sanitario por la baja preparación del sistema de salud, en lo económico porque los márgenes de acción fiscal eran reducidos por los altos déficits fiscales y la desaceleración económica, en lo social por la vulnerabilidad de la clase media y por las tensiones políticas agudizadas desde 2016.

En cuanto a la magnitud de la crisis hay dos dimensiones para ver qué tan fuerte fue la pandemia: la sanitaria y la económica.

En lo primero, la Encuesta de hogares 2020 sugiere que 400 mil personas estuvieron enfermas frente a los 150 mil reportados, mientras que The Economist estima que los decesos han sido 50 mil hasta el presente, por encima de los 20 mil reportados.

Respecto a lo económico, la crisis pandémica ha implicado a nivel mundial una caída del 16% de la producción industrial, que es mayor al desplome de la actividad del 13% en la crisis financiera de 2009. No obstante, la recuperación ha sido rápida (9 meses), frente a la mejoría en 34 meses en la crisis financiera.

Algunos sectores han sido duramente afectados, como hoteles, restaurantes, transporte y la construcción, que todavía no se recuperan de este evento adverso. De hecho, cálculos del Cebec estiman que la construcción habría perdido el equivalente a cuatro meses de actividad.

En cuanto a las respuestas, uno de los problemas serios para el diseño de políticas públicas fue la falta de información. Por ejemplo, se conocía la incidencia de la pobreza, pero no dónde se encontraban los pobres para dar ayuda focalizada. De igual forma, poco o nada se conocía de la estructura de costos de las empresas, de la disponibilidad de recursos líquidos para la sobrevivencia de la empresa y los programas de apoyo más adecuados.

En términos generales, se estima que en 2020 el país dejó de producir en torno a Bs 40 mil millones, que pudieron ser parcialmente mitigados por transferencias y ayudas de Bs 12 mil millones, pero todavía quedaron Bs 28 mil sin reposición.

Entonces concluimos, que las políticas para enfrentar la pandemia fueron desafortunadamente insuficientes para una rápida recuperación. En el caso del Gobierno de transición porque su diseño fue gradual y tardío y su implementación incipiente, en parte a la ausencia de fondos por los conflictos políticos entre los poderes Ejecutivo y Legislativo.

Respecto a la administración actual, las medidas más importantes han sido la reactivación de la inversión pública, el bono contra el hambre y la devolución parcial de aportes, que tampoco compensan la magnitud de la caída. Por el contrario, otras medidas han sido contraproducentes, como la reversión de medidas de alivio tributario, nulo énfasis en el sector privado y baja capacidad de diálogo.

Con este contexto, las secuelas de la pandemia económica son la precarización del empleo, puesto que el empleo formal urbano disminuyó de 22% a 18% entre 2019 y 2021. Por otra parte, las remuneraciones promedio son 20% más bajas. Y los pobres han aumentado entre 200 y 500 mil personas. Esto es coherente con un estancamiento del nivel de actividad (no crecimiento) en lo que va del año.

A pesar de que existen señales que cerraremos el crecimiento en 2021 con una cifra más alta que lo previsto hasta hace poco, todavía el ingreso por habitante estará por debajo de 2019 varios trimestres más, mientras haya menor conflictividad e inyección genuina de recursos.

Para que la siguiente crisis no sea tan penosa requerimos mejor preparación, adecuado sistema de monitoreo y una respuesta contundente.

Pablo Mendieta es Economista

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