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León XIV: entre la continuidad y el sosiego

Domingo, 11 de mayo de 2025 a las 02:00

La elección de Robert Francis Prevost como León XIV marca un giro sereno en la historia reciente del Vaticano. Primer papa estadounidense, también con nacionalidad peruana, llega con un estilo discreto, pastoral y sin estridencias. Sus primeras palabras, más institucionales que personales, revelan una vocación de servicio antes que de protagonismo. Se define como “administrador” de una tradición milenaria, en contraste con el tono disruptivo y carismático de su antecesor.

Lejos de una ruptura con Francisco, León XIV representa una continuidad matizada. Mantuvo símbolos clásicos, como la muceta, para calmar a los sectores más tradicionales, pero ratificó la visión de una Iglesia sinodal, donde todos los bautizados —incluidas las mujeres— puedan participar en el discernimiento doctrinal. No hay señales de retroceso, pero sí de equilibrio: reformas sin ruido, cambios con prudencia.

El nombre elegido no es casual. León XIII, el papa del siglo XIX que dialogó con el mundo moderno, inspiró a Prevost por su atención a la cuestión social. Para el nuevo pontífice, la revolución digital —como en su tiempo la industrial— plantea desafíos urgentes: precariedad laboral, exclusión y pérdida de sentido. En su primer discurso, citó dos veces a Francisco y mencionó como eje la palabra “paz”.

Prevost no es un desconocido en América Latina. Su paso como misionero en Perú lo vinculó con los sectores más vulnerables.  Defendió a víctimas del escándalo del Sodalicio y criticó públicamente al régimen de Fujimori. Durante la pandemia y las inundaciones de 2017 y 2023, promovió acciones solidarias desde la diócesis de Chiclayo. Por ello, en países como Perú y Bolivia su elección fue recibida con esperanza.

Los desafíos que enfrenta son inmensos. En materia bioética, mantiene la postura tradicional de la Iglesia contra la eutanasia, como lo expresó al oponerse a su legalización en Perú. Sobre la ordenación de mujeres, ha sido claro: “Clericalizar a las mujeres no necesariamente resuelve un problema”. Y en cuanto a la inclusión de personas LGTBI+, aboga por una aplicación contextual de las bendiciones aprobadas por Francisco, respetando las diferencias culturales.

Su visión ecológica también coincide con la de su predecesor: urge pasar de las palabras a la acción ante el cambio climático. León XIV reafirma que la relación con la naturaleza no puede ser de dominación, sino de reciprocidad. No será, por tanto, un pontífice silencioso en los temas globales, aunque su tono sea moderado.

Las críticas más duras no vinieron del Vaticano, sino de Estados Unidos. Sectores afines a Donald Trump lo ven como un “anti-MAGA”, un papa progresista disfrazado de moderado. Pero esa desconfianza confirma su posición: incomoda a los extremos, habla desde el centro, busca reconciliar.

Y no faltaron las maniobras sucias. Horas antes del cónclave, circularon acusaciones falsas que lo vinculaban con encubrimientos de abusos en Perú, promovidas por sectores conservadores que no ocultaban su rechazo. Fue un intento de sabotaje que no prosperó, pero que revela una verdad incómoda: ni siquiera el Colegio Cardenalicio, en su momento más sagrado, está libre del ruido de las conspiraciones y las campañas digitales. La elección de León XIV, en ese contexto, es también una afirmación contra el cinismo.

En su serenidad hay firmeza. En su tono bajo, una propuesta de Iglesia que acompaña, escucha y transforma sin imponer. El mundo, tan fragmentado como la Iglesia que ahora pastorea, necesita justamente eso: una autoridad que no grite, pero sí guíe.

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