Opinión

Les perdonamos todo, solo si se unen

26/9/2020 05:00

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Walter Núñez Rodríguez

Es una verdad de perogrullo que el 18 de octubre de 2020, Bolivia tiene las elecciones más importantes de su vida republicana. Mediante el voto mayoritario de la población, los bolivianos podremos transitar de una democracia cooptada, intervenida y sometida por un partido político de corte fascista y naturaleza cleptocrática, hacia una democracia verdadera, donde primen el respeto a la ley, el imperio de la justicia y la plena vigencia de los derechos civiles. Nada más que este hecho, califica las siguientes elecciones como las más significativas en nuestros casi 200 años de existencia como país. Si lo anterior ya por sí mismo no fuese suficiente, la importancia de las próximas elecciones es aún mayor cuando incluimos el contexto de la pandemia con sus secuelas angustiosas en todos los planos de la vida nacional. Entonces, el periodo pospandemia, habrá de requerir de un gobierno eficaz, representativo, sólido, transparente y responsable para encarar la recuperación del país. 

Las encuestas muestran que el MAS tiene un voto cautivo dentro de un segmento de la población, al cual no le importa para nada las tropelías cometidas durante sus 14 años ininterrumpidos de gobierno, incluyendo los desmanes y violencia instigados por Evo Morales estos pasados meses. Lo cierto y eso lo demuestran las encuestas, es que ese partido logra ubicarse en el primer lugar y en varias consultas solo pierde frente al importante porcentaje de encuestados que se manifiestan indecisos, que no saben o no responden o que anulan sus respuestas. En todo caso, y entiéndanlo bien, en el mejor de los casos, a este partido efectivamente sólo lo apoya menos de un tercio de los electores bolivianos. En circunstancias normales, eso no debería preocupar a sus opuestos, pues la lógica indica que, con cerca de dos tercios de los votantes, ello les permitiría una holgada victoria en primera vuelta. 

Lamentablemente, el porcentaje de la población votante opuesta al MAS—entre los que se encuentra, estoy seguro, una enorme porción de los indecisos—no podría traducirse en un voto ganador debido a la irresponsable dispersión de los frentes que tercian en las elecciones. La positiva renuncia de la Sra. Añez a su candidatura, la disolución de Juntos y el retiro de toda su plancha de candidatos a senadores y diputados, presagiaba que los frentes democráticos en carrera, se realineen hacia la búsqueda de la ansiada unidad y, por ende, a concentrar el voto en una sola candidatura que viabilice la victoria en primera vuelta. Aguardábamos y lo estamos haciendo todavía, que los señores Camacho, Mesa y Tuto (orden alfabético) conversen francamente sobre la necesidad de lograr dicho objetivo. 

Contra toda lógica y para el desconcierto y frustración de los bolivianos, más bien Creemos y Comunidad Ciudadana, se han enfrascado en una virulenta campaña de mutuo desprestigio, que dificulta la posibilidad de unificación del voto anti masista, olvidando, por cierto, que el contrincante a vencer es el huido. Estos señores se están destruyendo para ver quién es el macho alfa de la camada. Cada uno lo hace a su modo; empero, el resultado es que esa “pelea” insulsa, acrecienta nuestra angustia de cara al 18 de octubre. Visto ello, es posible que los indecisos finalmente resuelvan por quién votar el mismo instante que tengan la papeleta consigo. En otras palabras, Camacho y Mesa nos dejarán en ascuas hasta el final, pero mientras tanto la beligerancia habrá aumentado hasta generar verdaderos cauces de resentimiento u odio entre millones de bolivianos que supuestamente estamos en la misma vereda de amantes de la libertad y de la democracia. 

Y alguien me dirá, qué importancia tiene que los referidos personajes no se pongan de acuerdo, si finalmente es el elector quien tiene la última palabra. Sin embargo, yo creo que es primordial que la señal de unidad salga de la misma dirigencia política, pues eso nos demostraría madurez política y sentido patrio por parte de quienes pretenden dirigir los destinos de la nación. En otras palabras, es indispensable votar por algo o por alguien comprometido de antemano con un programa que una a los bolivianos, en vez de dejar que cada uno haga lo suyo y acabe pactando con el enemigo. Entiéndanlo bien, señores Mesa y Camacho, no queremos pactos espurios con los huidos, ni componendas inescrupulosas sólo para poder gobernar a medias y encima, mal, y todo por sacarse una banal foto para la historia. 

El espectáculo es triste y patético. Hablamos de dos personas que, por albures del destino, la vida los ha situado en la coyuntura de poder resolver u orientar el futuro del país en base a sus propias decisiones. Por un lado, un futuro que es oscuro, si por mantener la desunión de las fuerzas democráticas que ellos representan, auspician el retorno de Evo Morales; o por el otro, un futuro iluminado por la esperanza de la recuperación nacional y el crecimiento, si acuerdan concentrar el voto e infringir así una estrepitosa derrota electoral a Morales.

No nos sigamos engañando. Ni Camacho ni Mesa solos y divididos lo podrán lograr. La dispersión de votos entre sus respectivas fuerzas beneficia al MAS que, como partido estructurado luego de 14 años de ejercicio continuo del poder, tiene un voto cautivo que nos puede hacer estragos; entre ellos, conseguir en la primera vuelta dominar una o ambas cámaras de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), lo que prácticamente haría inútil la gestión de gobierno de quien gane la segunda vuelta, ya sea Mesa o Camacho. La conducta malsana y obstruccionista de este partido desde la ALP, la estamos viendo ahora ejercida contra el gobierno transitorio de la Sra. Añez. ¡Aprendamos, por favor de la más que reciente historia!

No nos mintamos como ciudadanía. Ni Camacho ni Mesa se presentan como los candidatos ideales; el uno, por su timorata gestión presidencial a la cual el mismo acabó renunciando por no poder lograr gobernabilidad con el entonces Congreso Nacional y también por sus coqueteos y encomios a Evo Morales—pecado capital conociendo ya el tipo de persona que el huido representaba—y el otro, por su inmadurez y falencias de carácter, impropias para un político en ciernes que propugna cambios radicales en la política nacional. Sobre esos antecedentes, parecería que ninguno genera la suficiente confianza que necesitamos para que a cualquiera de ellos, lo elijamos como nuestro siguiente mandatario. Es evidente que ambos tienen un auto sobrevalorado concepto de lo que son como personas y como políticos. Tampoco queremos, ni mucho menos, negar sus calificaciones; las de uno vinculadas con su trabajo como historiador y periodista, y las del otro, resaltando su valentía y coraje liderando la renuncia del dictadorzuelo. 

Sin embargo, si Camacho y Mesa nos mostrarán que Bolivia es más grande que su egolatría, que su redentorismo, que sus intereses de grupo y de logias, que sus atavismos regionalistas, que su apetencia por los senadores o diputados electos para negociar espacios de poder, que su egoísmo; si ambos lograran demostrarnos que todo lo anterior es subalterno al interés nacional, los bolivianos creo, estoy seguro, les podríamos perdonar sus fragilidades de carácter y de conducta, su irreflexiva impetuosidad, su labia petulante o imprecisa, sus devaneos con la oscuridad, sus extremismos e intolerancia, su enorme soberbia…...en fin. 

Si solo se unieran para derrotar al MAS y luego decidieran organizar y llevar adelante un buen gobierno que el año 2025 impida que los masistas retornen al poder, nosotros los ciudadanos bolivianos de a pie, les perdonamos todo. Al final, Mesa y Camacho deben reconocer que el lugar que la historia les depare—la gloria otorgada a los victoriosos o la ignominia ciudadana a los infames—está en función del camino que resuelvan emprender; ya sea el de la unidad constructiva y democrática o el de la irresponsable y criminal desunión.