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Libertarios contra liberales

Robert Brockmann 17/9/2020 05:00

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Carlos Mesa tiene una malformación profesional: fue periodista la mayor parte de su vida adulta, y ello le llevó a intentar encontrar las versiones de las partes en conflicto. Eso está bien para un periodista, pero no para un político, que debe resaltar sus propias virtudes y detractar las de sus rivales. Aquella virtud del periodista le está pasando factura al candidato.

Circulan por las redes videos en los que Mesa comentó positivamente este o aquel rasgo de la persona o las políticas de Evo Morales. Todo ser humano tiene cosas positivas y negativas. Pretender que alguien sea solo bueno (los santos) o solo malo (Evo Morales) es querer ver una caricatura, no un retrato. Pero, ay, la lucha electoral se basa en proyectar la caricatura del rival.

Es interesante notar que hoy los peores ataques contra Mesa no provienen del MAS, sino de la derecha. No de una derecha liberal, más o menos centrista, sino de la derecha libertaria, un fenómeno nuevo en Bolivia. Es una derecha radical, pero no está relacionada con el fascismo ni con el conservadurismo, sino con la extrema libertad económica. Son los discípulos de la escuela económica austriaca: Mises, Hayek y en alguna medida Popper. Tipos interesantes.

Para estos libertarios económicos, todo lo que no sea una absoluta libertad de mercado, un irrestricto laissez-faire, es socialismo, y sus objetores, “socialistas”, comenzando por el propio Keynes. Una gota basta para rebalsar el concepto económico al campo político. Para ellos, el estado de bienestar europeo, concebido precisamente como una hasta ahora efectiva barrera contra el comunismo, es “socialismo”.

En los videos que circulan, se ve a Mesa declarándose a sí mismo “socialista”, y “de izquierda”, como probablemente la mayoría de los bolivianos. La boliviana es una sociedad en general situada a la izquierda del centro político. El socialismo, igual que el liberalismo, abarca un amplio espectro político. Mesa es un liberal de centro izquierda, con quien el centro derecha no tendría problema en convivir.

El autor Robert Eccleshall define que “muchas personas se autoidentifican como mentes liberales aun cuando no apoyen el liberalismo como ideología. Tales personas no gustan de leyes autoritarias y suelen oponerse a las prácticas que descalifican a determinados grupos sociales. El derecho a la libertad de palabra, al piquete y a la protesta, a los derechos de la mujer, de los homosexuales, de los presos y de las minorías étnicas se encuentran entre los argumentos que defienden las gentes de mentalidad liberal. En tal sentido del término, la mayoría de los socialistas y algunos conservadores son, a su vez, liberales”.

Este liberalismo se da cuenta de que el Estado debe servir para algo: para proteger a los ciudadanos más vulnerables de un país. No se puede dejar a una sociedad, especialmente una con las características de desigualdad social boliviana, a merced de las fuerzas puras del mercado.

La propuesta económica libertaria nunca se ha puesto en práctica. Y aunque el resultado esperado (la prosperidad económica) es seductor, se me asemeja a un experimento de física en el vacío, sin los elementos de la realidad. Me temo que liberar absolutamente la economía sin tomar en cuenta tantísimos factores sociales, lo único que haría, en un país como Bolivia, sería incrementar la inmensa desigualdad y propiciar el regreso de un MAS reloaded.

Publicaré un libro en el que se muestra la más absoluta hostilidad medular de Morales y el MAS a Carlos Mesa. Sería un suicidio que Mesa, blanco de tantos ultrajes y amenazas, negociara nada con el MAS. En estas elecciones ninguna fuerza política debería tocar al MAS ni siquiera con un palo. Me entristece su pasado de concesiones, pero me es imposible creer que el mesismo sea masismo. El enemigo al que hay que impedir el regreso es el funesto MAS. El enemigo no es Mesa.