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10 de abril de 2018, 4:00 AM
10 de abril de 2018, 4:00 AM

¡Por favor! ¿De qué se trata todo esto? Leo en un artículo del periódico Los Tiempos, del 26 de marzo, una noticia que dice: El Ministerio de Educación incluirá los alegatos presentados ante la corte de La Haya, el Libro del mar y el libro de las 250 agresiones de Chile a Bolivia, en el currículo escolar. Detengamos el buque, que vamos a encallar. Cien años de ‘enseñarle’ al boliviano que el enemigo es el otro; cien años de provocarle una ‘victimitis aguda’. ¿Y ahora proponen 100 años de ‘patriotismo populachero’ y otra vez ‘enseñarle’ al boliviano que el enemigo sigue siendo el otro? ¡Por favor!

¿Es que el Ministerio de Educación es consciente de lo que significa la educación? ¿Podemos hablar de educación cuando pretendemos vaciarle una tonelada de ideología al cerebro del estudiante? ¿No sería más sensato con el estudiante permitirle acceder a herramientas para que articule por sí mismo su juicio y su pensamiento? ¿Enseñarle a pensar? Sin tener que recurrir a rencores y reivindicaciones.  Está bien.

Es importante conocer la historia. Pero más importante es saber interpretarla. Y para que esto suceda, la ‘memorización’ que propone y no termina de superar nuestro actual sistema educativo es poco más que caduca y retrógrada. Lo que se podría ‘enseñar’ con un poco más de humildad para con las generaciones venideras es cómo entablar una negociación de alto nivel sin defenestrar al otro. Cómo respetar al otro sabiendo y siendo plenamente conscientes de que es diferente.

De que no todos pensamos igual y de que esa es la mayor riqueza de la humanidad. De que la sociedad puede generar espacios de conciliación, más allá de las guerras y de los enfrentamientos ideológicos. Eso es más importante que pregonar consignas basadas en el ganamos o perdimos. ¡Cualesquiera sean las razones! Porque la cultura del odio y del resentimiento es la hermana melliza de la justicia malinterpretada, con justicieros enmarcados y embanderados, con ajusticiados a los que se los anula. Si no salimos del molde del “bueno” y del “malo”, nadie va a ejercer plenamente su libertad. Si a esta generación le ha tocado la responsabilidad de asumir un cambio en la historia, no podemos permitir que las generaciones venideras carguen con el peso de nuestros prejuicios. Si la frase de Evo “No queremos vencedores ni vencidos” es cierta, entonces no provoquemos 100 años de “vencedores” y de “vencidos”.

Ni con este ni con ningún gobierno. No pretendamos echarnos glorias porque las generaciones que vienen ya no son propensas a la glorificación. Educar no es enseñar. Aprender no es memorizar. Formar no es imponer. Y que ni se les ocurra poner en el examen de historia una pregunta del tipo: ¿Durante que Gobierno se planteó el diferendo marítimo ante la CIJ? Porque la respuesta de Pepito podría ser: Durante el Gobierno de Sebastián Piñera.

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