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La economía argentina ha sido ampliamente estudiada, debido a su funesta condición, conocida como la “paradoja argentina”, que consiste en ser la única en la historia moderna que pasó del desarrollo al subdesarrollo. La atención se centra en períodos puntuales de crisis internacional y en políticas económicas erradas que explicarían cómo llegó a su lamentable estado actual.

Llorar al observar como en 1930, la Gran Depresión, que arrasó los mercados financieros mundiales, puso fin a 70 años de un increíble boom económico basado en la exportación de productos agrícolas. Un crecimiento que en 1913 la llevó a tener el décimo PIB per cápita del mundo, mayor incluso que el de Australia y Canadá.

Llorar al pensar cómo, tras la crisis, y en vez de aprovechar sus ventajas comparativas en la producción agrícola, decidieron seguir la fracasada política de sustitución de importaciones, cerrando su economía, y centrándose en “proteger” su incipiente industria de la competencia exterior lo que condujo a que nunca llegue a ser competitiva.

Llorar por las medidas populistas y estatistas de Perón, que cerró más la economía, nacionalizó empresas, entregó un poder desmedido a los sindicatos, implantó control de precios, incrementó el tamaño de Estado, y subió los salarios y el gasto en planes sociales. Todo esto financiado con inflación y acabando con las reservas públicas. Llorar cuando en los 70, los gobiernos militares junto al trágico legado de muertos y desaparecidos, también dejaron déficit fiscal y deuda crecientes.

Llorar al ver la oportunidad pérdida durante los 90, cuando las privatizaciones y la convertibilidad lograron controlar la hiperinflación, incrementar la inversión extranjera y acelerar el crecimiento económico, pero no fueron suficiente para enfrentar la crisis rusa y la devaluación, y el año 2001 cayó en cesación de pagos con el FMI, se abandonó la convertibilidad y la economía entró en recesión.

Llorar también porque la bonanza que siguió, y que fue producto del aumento de precios internacionales de los commodities, se despilfarró en duplicar el gasto público y los subsidios. Finalmente, llorar porque cuando la actual administración tuvo la oportunidad de hacer los ajustes necesarios para remediar el derroche fiscal, no los hizo con prontitud ni profundidad.

Una revisión de los hechos podría inducir a creer que estos serían la raíz de sus problemas económicos. Sin embargo, los últimos resultados electorales, en que la mayoría optó por la opción populista, aun a sabiendas de sus recientes y millonarios robos, muestra que la causa principal es mucho más profunda y atribuible a un problema sicológico. Tal parece que luego de décadas de acostumbrarse a depender de subsidios y planes de ayuda estatal, la gran mayoría de ellos se creen incapaces de resolver por sí mismos sus problemas. Asimismo, después de generaciones enteras escuchando discursos anticapitalistas, se han convencido que el libre mercado y los gringos son los causantes de todos sus males. Es así como esa peligrosa mezcla de sentimientos de impotencia y de culpar a otros por sus males, terminó por minar su tan mundialmente famosa autoestima. Tal vez sea esta la verdadera Paradoja Argentina y por eso…… yo lloro por vos Argentina.

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