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7 de febrero de 2017, 4:00 AM
7 de febrero de 2017, 4:00 AM

“¡Jallalla, lluvia!”, grita un yatiri en una comunidad aimara, una decena de personas en una comunidad del Chaco inicia una rogativa a la Virgen, unos niños empiezan a cantar “que llueva, que llueva, la bruja está en su cueva…”; en otra población esperan impacientemente que la borequi (rana) realice su recital. Todos estos rituales tienen como único objetivo atraer la lluvia.

Empero, en la actualidad, atraer la lluvia se ha modernizado, ahora el enemigo es el cielo, la guerra es contra las nubes, con las nuevas tecnologías y existe un método de bombardeo de nubes con el único objetivo de hacer llover. Su nombre científico es la ‘siembra de nubes’, que es una forma de manipulación del clima procurando cambiar la cantidad o el tipo de precipitación que cae de las nubes mediante la dispersión de sustancias en el aire. Las sustancias más utilizadas son el yoduro de plata y el hielo seco. No hay una evidencia estadística sobre la efectividad de este método porque depende de muchos factores. Muchos científicos dudan de su efectividad. El bombardeo de nubes dista de ser una solución mágica, dice el meteorólogo y especialista Luis Vargas Márquez. “Solo ayuda a incrementar el tamaño de las nubes y la producción de lluvia un 20%, aproximadamente. Para que esto ocurra, sin embargo, deben existir nubes de desarrollo vertical”, explica Vargas.


El yatiri aimara grita con más fuerza “¡Jallalla, lluvia!”, otro hace ulular una concha marina y un grupo de mujeres arma sobre madera una pira para incinerar dulces, hierbas, semillas, raíces y así completar la ceremonia. La rogativa chaqueña se alargó más de lo esperado, caminaron kilómetros esperando que el cielo oyera los rezos, hasta que el cansancio se apoderó de las personas. Un espantaflojos (llovizna corta) ahuyentó a los niños que cantaban “que llueva, que llueva”. El canto de la borequi nunca llegó y los aviones bombarderos no se vieron en el cielo.

Después de rezos, ceremonias, rituales e incertidumbre, llovió a cántaros en varias zonas del país. Al final llovió tanto que muchas familias, de acuerdo con la antigua creencia, para que deje de llover, hicieron que sus hijos menores mostraran las nalgas al cielo porque se les fue la mano y el agua se estaba entrando por todos lados 
 

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