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12 de marzo de 2017, 4:00 AM
12 de marzo de 2017, 4:00 AM

Ahora sabemos de las derrotas sorpresivas en las elecciones, las predicciones erróneas y las encuestas poco confiables. Una mayoría de electores británicos decidió que su país debería abandonar la Unión Europea, Donald Trump fue electo presidente de EEUU. Y sabemos que la posibilidad de que Marine Le Pen sea electa presidenta de Francia el 7 de mayo, ya no es imposible. 


Los cálculos racionales ya no engañan a nadie. No estamos en tiempos racionales. A medida que transcurren las semanas, el veredicto de Le Pen sobre la victoria de Trump aún acecha: “Lo que parecía imposible, ahora es posible”, dijo.


Ahora nos estamos preparando para lo imposible posible. “La amenaza es real”, reconoció públicamente el presidente François Hollande. Pero, ¿Francia resistirá? Estamos ante una campaña francesa como ninguna. Todos los patrones políticos se han venido abajo. El Frente Nacional ha sido un elemento fijo de la política nacional durante 40 años, pero su candidato nunca había estado a la cabeza de manera consistente. Hoy, ninguno de los opositores de Le Pen duda que ella llegará a la segunda ronda; de hecho, ya ni siquiera se le enfrentan. Están peleando entre ellos para ganar el segundo sitio para vencerla en la segunda vuelta.


Nunca había sucedido que un presidente francés decidiera no contender a la Presidencia para un segundo término, como lo hizo Hollande. Nunca las figuras dirigentes de la vida política francesa habían quedado fuera de una forma tan contundente en las elecciones primarias. 


Mientras Le Pen toma la delantera con plena confianza, sin salirse del guion y ganando terreno entre las mujeres, los agricultores y los electores desilusionados de la clase media, el partido dominante de derecha ofrece un espectáculo desconcertante. Confrontado con acusaciones de que dio trabajos falsos a su esposa e hijos para cobrar cerca de un millón de dólares, François Fillon, el candidato republicano gasta toda su energía en luchar contra las acusaciones.


Las negociaciones secretas relacionadas con los barones del partido para buscar un candidato alternativo fracasaron. Así que Marine Le Pen puede quedarse tranquila. Ella tiene preocupaciones judiciales, pero, ¿a quién le importa cuando se le presta tanta atención a su contrincante?
Si hemos de creer en las encuestas, el candidato con más probabilidades de enfrentar a Le Pen en la segunda ronda es Emmanuel Macron, quien no representa a ningún partido político y nunca ha ocupado un puesto de elección popular.


Este carismático exministro de Economía no surfea en la ola ‘progresista’ de derecha ni de izquierda que está atrayendo a los electores que están a favor de la Unión Europea, la globalización y que están desencantados con los partidos de la corriente dominante, pero se oponen con firmeza al auge del populismo y el nacionalismo. Su agenda reformista, obstinadamente a favor de Europa, y “radicalmente transformadora”, como la describe, enfatiza la responsabilidad personal mientras ayuda a los trabajadores a adaptarse a la economía globalizada. 


Esta es la gran batalla política del cuerpo y alma de Europa. En Berlín, la angustia raya en el pánico. La Unión Europea, menospreciada por el presidente estadounidense, atacada por Rusia, abandonada por Gran Bretaña, con Francia y Alemania como sus pilares, necesita reagruparse para iniciar de cero. La elección francesa de una presidenta de extrema derecha y eurofóbica que promete abandonar la eurozona echaría por tierra ese sueño.


¿Francia detendrá la ola de populismo? De eso se trata esta elección. Algunos expertos ya están especulando si, en caso de que resulte electa la dirigente del Frente Nacional, será incapaz de hacer acopio de fuerzas para hacerse de la mayoría en el Parlamento en junio. El resultado más probable sería una “coexistencia”. En ese caso, los dos bloques tendrían que negociar.
Así las cosas. Como dice el dicho, esperemos lo mejor, pero preparémonos para lo peor 

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