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Lo peor del “capitalismo de caras conocidas” no es que los parientes, amigos, militantes y demás allegados se beneficien con contratos cerrados, como sucedió ahora último con Los Kjarkas o con el exministro de cultura Pablo Groux. ¿Nos disgusta que se distribuyan la plata de todos los bolivianos de una manera tan selectiva? Por supuesto que sí. Pero viéndolo bien, ese no es el mayor problema. Diversos análisis mundiales sobre este fenómeno de “capitalismo de amigotes” muestran que lo verdaderamente pernicioso no es el enriquecimiento soterrado en curso de los merodeadores del poder. No, lo más perverso viene de la mano del tipo de capitalismo que genera estas alianzas: un capitalismo chambón. Un capitalismo donde lo que cuenta no es el rendimiento, sino la repartija clandestina de dinero entre los socios de estas coaliciones de poder. 

Aunque la biografía al respecto comienza a expandirse a gran velocidad, me limito a señalar un par de ensayos sobre este capitalismo de amigos en la India (de Nasher Khatri) y en Ucrania (diversos autores) que versan sobre el asunto que quiero comentar.

¿Qué se vio en ambos países? Pues se hizo una investigación sobre cómo se comportan las empresas con nexos políticos y las empresas sin nexos políticos, o sea, en lenguaje coloquial, qué tan buenas son las empresas con muñeca en comparación con las empresas sin muñeca. Los resultados son lapidarios: por un lado, las empresas con muñeca se llevan entre el 60 y el 85% de los contratos. Las empresas sin muñeca deben contentarse con ver cómo otros “exitosos” empresarios se llevan la mejor porción. Hasta aquí la cosa es casi obvia. Por otro lado, sin embargo, el rasgo que resulta más preocupante es que estas empresas “conectadas” exhiben los siguientes rasgos:

1) generan menos mano de obra, 2) pagan menos impuestos, 3) demoran al menos entre un 25 y un 50% más de tiempo que la no “conectadas”, 4) crecen como empresas a un ritmo más lento (es decir, a fin de año sus ganancias son menores, 5) tienen un índice de mortandad empresarial más alto, 6) pagan salarios más bajos y no ofrecen aumentos salariales, seguros de trabajo, etc. y 7) demandan “atención” estatal que conlleva subsidios de diverso tipo hacia los conectados. 

¿Qué tal? A ver, sin pretender ser cínico, es obvio que lo de menos es el enriquecimiento de la tropa de clanes que se regodean con las adjudicaciones. Por ejemplo, ¿es lo peor que la Gabrielita se haya enriquecido con CAMC? No, lo peor es que estas empresas (chinas) contratan chinos y no mano de obra local; lo peor es que demoraron en todas sus obras por lo menos un año más de lo fijado y de yapa aumentaron siempre los costos de las obras; lo peor es que quizás no existan como empresas (o sean de un rango notoriamente inferior) en tanto no siempre se las suele encontrar en los listados de empresas chinas, y las más de las veces están registradas como empresas bolivianas (quizás –hipótesis- el Gobierno se haya metido a una chifa, haya convencido a tres chinos para que abran su empresa y ganen convocatorias públicas); lo peor, en un escenario como este, es que van a pagar pocos impuestos y, ni duda cabe, no van a traer inversión externa (recordemos, por ejemplo, que 6 de los 7 contratos con CAMC estaban…¡financiados con plata boliviana!; lo peor es que quizás terminando el contrato se manden a jalar (en lo que constituye una lógica de economía de enclave ciertamente perversa); lo peor es que no solo no van a pagar bien, sino que si como obrero haces huelga, quizás intenten atropellarte con un camión (así pasó ya hace un par de años), y lo peor es que las obras que hagan quizás no tengan utilidad, como parece ser el caso del Ingenio San Buenaventura (como ejemplo). Pero bueno. ¿Cómo analizamos estos bemoles con otros contratos, como el de Kalamarka o Valeno? Volvamos a la pregunta: ¿lo peor es que los integrantes del grupo Valeno o aquellos de Kalamarka se hagan platita media cocinada? No, para nada. Lo peor es que además de que sabemos que han lucrado de su amistad con el jefe y se han hecho de mucho billete, tenemos que tragarnos las bazofias musicales que han compuesto. Valeno se lleva la flor con letritas como Evo decente, te ama tu gente. ¿Qué tal? Es esto lo peor. No solo saber que son una tropa de avivados, sino que encima tenemos que comernos esa poesía con rimas tipo “Coca-cola….mantecola”, “a ver 
di manzana, manzana….me la beso a tu hermana”. Y ni qué decir la apología musical de Kalamarka con su Etiqueta azul que habla del “gran mallku Evo y el permiso de los grandes jilas…”, es para lapearlos del desayuno a la cena. 

No es pues lo peor que pululen los “conectados” y se hagan de plata. Lo peor es todo el entorno de ineficiencia que se crea, el cinismo con que llevan adelante las obras (“si no acabamos a tiempo, mejor, así pedimos que nos aumenten”, es la lógica), la marginación de los competidores, el abuso de poder (amparados en su muñeca), la agresión que supone todo ello contra el propio Estado boliviano que dicen representar dignamente (que se queda sin ingresos). ¿Fin? No, si encima a todo ello le agregas esta tónica anti-estética del llunkerío musical, ¡carajo que lo de menos es que se hagan ricos!    

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