20 de marzo de 2022, 4:30 AM
20 de marzo de 2022, 4:30 AM

Hay falta de coordinación en la Gobernación de Santa Cruz. La afirmación la hizo nada más y nada menos que el vicegobernador, Mario Aguilera. No solo eso, “pasa el tiempo y no se alcanzan las metas trazadas”, dijo también esa autoridad, que fue elegida por voto, junto con el gobernador Luis Fernando Camacho. Sin duda, una alerta que debe ser tomada en cuenta en el marco de una sana autocrítica, pero que también espeja que no se está haciendo lo suficiente en el departamento con más habitantes, con más necesidades y también el más atacado por el centralismo y el partido en función de Gobierno nacional.

Hay que recordar que si hay gobiernos departamentales y gobernadores en Bolivia, esa fue una reivindicación que nació en Santa Cruz. Aquí surgió el pedido de descentralización administrativa, de elección de prefectos (después gobernadores) y la existencia de gobernaciones, con estatutos que las rigen y con competencias que son constitucionales. La demanda y la lucha por estas causas se debió a que esta región enfrenta necesidades que deben ser atendidas por sus autoridades más cercanas, a quienes también se les ha dado la representación para pelear por los derechos cruceños, esos que siempre quieren conculcar los gobiernos centrales.

En Santa Cruz nació el paro de los 21 días y la defensa de la democracia. De ahí emergieron liderazgos a los que la población les dio el voto de confianza. Sin embargo, hay asuntos fundamentales que no son la bandera de lucha de esas autoridades.

Uno de los más importantes tiene que ver con la tierra y la producción. En el primer caso, el centralismo auspicia el traslado de colonos a costa de cruceños que no tienen espacio para producir o vivir. En el segundo, el centralismo impone normas que golpean a las exportaciones cruceñas, limitan la siembra y cosecha, perjudicando así los ingresos y la generación de fuentes de empleo; afectando el modelo de desarrollo cruceño. La defensa no es contundente, al menos no logra mejorar las condiciones, sino que pareciera darse por impulsos que no son sostenibles.

En el marco de esta tensión interna en la Gobernación, se supo que se pretendió aprobar un decreto para conferir las atribuciones del gobernador al secretario de gestión institucional y no al vicegobernador. Lejos de ser un chisme de redes sociales, esto ha sido reconocido por asambleístas y por el mismo número dos de este gobierno subnacional. La norma ‘puentea’, como se dice vulgarmente a la autoridad que está respaldada por el Estatuto Departamental, por tanto, pretendió vulnerar la autonomía. ¡Menudo atrevimiento! Sin duda, la población sigue esperando una explicación.

Estamos en puertas de un Censo Nacional de Población y Vivienda, que definirá los números oficiales sobre los bolivianos, la asignación de recursos y de escaños parlamentarios. No es serio, sino irresponsable, que quienes lideran a Santa Cruz estén en una pelea de poder, cuando hay que sumar fuerzas para volver a luchar por las reivindicaciones del departamento. Mucho se habla de las logias y de sus diferencias, pues es tiempo de darse cuenta de que ya vivimos en una metrópoli y que nadie es dueño de la verdad; que se precisa incluir y validar para construir.

El futuro de Santa Cruz reflejará el éxito o será la carga de culpa de las actuales autoridades. Éste es un momento histórico.