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23 de marzo de 2022, 4:00 AM
23 de marzo de 2022, 4:00 AM

Por Edén García-comunicador

En Santa Cruz muchas personas parecen necesitar una terapia para el control de la ira, tal como sucede en la cómica película ‘Anger Management’ (Locos de ira) de Adam Sandler y Jack Nicholson. Y es que en los últimos días se han hecho virales diferentes videos en los que se muestra a ciudadanos reaccionar violentamente, ante situaciones que podrían haberse resuelto en un tono cordial y hasta amistoso si se lograra controlar las emociones.

Estos episodios de violencia que circulan en redes sociales son solo una pequeña muestra de lo que ocurre con frecuencia en nuestra caótica ciudad y suelen registrarse mayormente en el tráfico vehicular. Los carajazos e insultos son el pan de cada día, ya que es lo único que los conductores atinan a hacer en esos pocos segundos de interacción rabiosa.

Pero cuando se trata de una discusión en un restaurante, centro comercial o cualquier lugar que permite mayor tiempo de increparse, la situación puede ir a un ritmo de escalada hasta el punto de llegar a los golpes. No nos gusta perder y vernos vulnerables ante el mínimo error que haya supuestamente cometido esa persona -hasta ese momento desconocida- y eso nos hace poco tolerantes.

La falta de tacto en ambos lados para utilizar las palabras adecuadas y controlar el momento caldean aún más los ánimos y se llega fácilmente a la confrontación física. Aunque, lamentablemente, existen ciudadanos que por más amabilidad que se les exprese para calmar la situación, estos no están conformes y prefieren llegar a los insultos y puñetes.

Es decir, en cuestión de segundos se pasa de un estado relativamente tranquilo a un estado de guerra emocional, en el que no se puede permitir retroceder y se debe atacar con todos los recursos disponibles en ese momento, incluso metiendo las uñas al ojo del rival.

Sin embargo, una vez que los agresores son expuestos y hasta reciben amenazas de autoridades de un proceso judicial, es entonces que estos salen a la luz pública a pedir perdón por sus actos, si bien no premeditados, pero sí detestables y que rozan en lo delictivo.

Es triste y agotador ser constantemente testigos de estos hechos intolerantes. Cada uno de nosotros necesita replantear la manera de actuar ante las demás personas para evitar caer en lo mismo. Se trata de cuestiones básicas pero que son fundamentales para generar una sana convivencia en nuestra querida y pujante ciudad.

Es importante pedir disculpas cuando nos equivocamos y no dar rienda suelta a nuestro violento orgullo cuando consideramos que alguien no actuó de buena fe con nosotros o nos brinda un mal servicio en su negocio. Además, debemos recurrir a las instancias correspondientes por ley cuando creemos que hay un ataque o abuso flagrante en contra nuestra, pero no tratar de resolver a nuestra manera, aplicando la ‘ley de la calle’.

Y, sobre todo, tener un espíritu conciliador ante situaciones inesperadas, se debe recordar que la otra persona desconocida no estuvo pensando toda la noche en cómo arruinarnos el día. Suelen ocurrir accidentes y hay que buscar la mejor manera de solucionarlo, ya que como dice la Biblia en el libro de Proverbios: “La blanda respuesta quita la ira. Mas la palabra áspera hace subir el furor”.

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