Opinión

Locura y armas en Las Vegas

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4 de octubre de 2017, 4:00 AM
4 de octubre de 2017, 4:00 AM

Un desequilibrado mental, Stephen Paddock de 64 años, ha provocado un baño de sangre tras disparar a mansalva contra una multitud congregada para un concierto en la ciudad de Las Vegas. Más de medio centenar de personas fueron asesinadas por este ‘lobo solitario’ que disparó desde el piso 32 de un hotel de lujo en la capital de la diversión en Estados Unidos.

Por el número de víctimas fatales, es la matanza de civiles más importante de  la historia de ese país que no tenga relación con hechos de inseguridad o con terrorismo como fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001.

La masacre conmovió a la sociedad estadounidense y actualizó el debate sobre la tenencia de armas de alto poder de fuego dado que, en este caso, se juntaron la locura de un individuo con la amplia disponibilidad que tienen los ciudadanos estadounidenses para acceder a la compra de armas. 

El control estatal de la portación de armamento es un objetivo largamente frenado por el lobby de los productores de armas, organizados alrededor de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). Como se sabe la Constitución estadounidense prevé que todos los ciudadanos tienen derecho a portar estos letales aparatos con fines defensivos. 

Sin embargo, ese principio se ha distorsionado al punto de que millones de personas tienen gran cantidad de armas en sus casas sin ningún control estatal, lo que configura un escenario de alto riesgo para la seguridad del conjunto.

Se ha descartado, en este caso, la posibilidad de un atentado terrorista. Según el FBI, Paddock no tenía vínculos con ninguna organización yihadista extranjera, pese a que el Estado Islámico reivindicó el supuesto atentado.

Detrás de la tragedia de Las Vegas no está el terrorismo internacional, sino la acción de un demente que tuvo libre acceso para la compra de armas y lo llevó a cometer semejante hecho salvaje.

El caso obliga al Gobierno de Donald Trump a revisar su posición favorable al lobby de los productores de armas, lo que marcó un cambio respecto de la gestión del expresidente Barack Obama que había impulsado más controles para la venta de armas de alto calibre.

La matanza de Las Vegas es un llamado de atención dado que no es un hecho aislado. Cada año se producen hechos similares en Estados Unidos que tienen un denominador común: gente con problemas mentales que tienen acceso irrestricto a la compra de armas. Ojalá los partidos políticos, y en particular los republicanos, reaccionen frente a las consecuencias terribles que tiene la proliferación de armas en la sociedad.

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