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Los alcances del narcotráfico

Editorial El Deber 27/2/2020 03:00

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Tras las primeras investigaciones que deja ese hecho, se supo que el avión utilizó la pista del aeropuerto de Guayaramerín para abastecerse de combustible y para cargar los paquetes de cocaína que tenían como destino una pista aérea en Quintana Roo (México). La operación ocurrió de madrugada, en un aeropuerto boliviano, y no se sabe aún cuánta gente participó para que el aterrizaje y el posterior despegue de la nave sean posibles.

Fueron detenidos algunos funcionarios de esa terminal aérea. Uno de ellos declaró que había alertado del aterrizaje y operaciones del narcoavión a la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y a Aasana, no solo lo dijo, sino que mostró la documentación que comprueba la afirmación. De ser así, se está hablando de una peligrosa colusión entre entidades dependientes del Estado con la mafia internacional.

Es importante que se hagan todas las investigaciones necesarias, pero también es preciso que se tenga cuidado de no enviar a prisión a inocentes que cumplen órdenes superiores, mientras los ‘peces gordos’, los mandamases quedan libres, impunes y con posibilidades de seguir realizando operaciones ilegales y dañinas.

Ha sido el ministro de Gobierno quien habló del poder del grupo delincuencial Primer Comando Capital (PCC) de Brasil en prisiones de Bolivia. Uno de sus miembros hizo estallar una granada en el penal de Mocoví, en el marco de una pugna de poder, lo que sirve de muestra del alcance de este cártel brasileño.

Ya antes se conoció que el presunto narcotraficante Pedro Montenegro fue amparado por un alto jefe de la Policía y que tuvo vínculos con miembros del Poder Judicial. Posteriormente, apareció Dora Vallejos, una mujer de Yapacaní que fue detenida y procesada por enriquecimiento ilícito, cuya pareja fue sindicada por tráfico de drogas y que tuvo relación con el MAS cuando este partido estaba en función de Gobierno. No nos cansamos de preguntar cuántos casos más de este tipo existen en el tejido social boliviano.

Es preciso que el ministro de Gobierno y la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) expliquen qué organizaciones mafiosas operan en Bolivia; si ya hay cárteles instalados y cuánto han contaminado a las instituciones del Estado. El exministro de Gobierno Carlos Romero decía que solo había ‘emisarios’, pero los evidentes alcances del narcotráfico permiten concluir que tales palabras no eran reales y que buscaban negar la realidad.

Si el narcotráfico operó una vez en un aeropuerto comercial de Bolivia, pudo haberlo hecho en otros y en muchas más ocasiones. Frente a eso, ¿qué controles se están ejecutando después de los operativos realizados? Es preciso saber cómo se ha reforzado la lucha contra el narcotráfico en Bolivia, porque ya no es creíble el cuento de que sin ayuda ni tecnología internacional se puede tener una lucha eficiente contra este mal.

Este aspecto no puede esperar. Los narcotraficantes buscan cómo perforar gobiernos para ganar favores. El tema debe ser parte esencial de las ofertas políticas rumbo a las elecciones con el aditamento de que debe formarse un órgano confiable de fiscalización, ya que lo que queda al final de tantas noticias, es que la confianza se va diluyendo y crece el miedo a que Bolivia se convierta en un Estado fallido por el alto grado de permisividad demostrado por el anterior Gobierno.