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27 de julio de 2023, 4:00 AM
27 de julio de 2023, 4:00 AM

Por Edmundo Juan Nogales Arancibia. Abogado, analista

El pasado 12 de julio fue publicada una columna en EL DEBER titulada “En esto termina el populismo SS XXI” con varios argumentos sin fundamento respecto a la realidad boliviana y los cuales cuestionamos para dar la posibilidad de contrastar enfoques, evaluemos sus principales argumentos:

1 “Los 16 años del populismo masista; dirigidos desde Cuba, han dejado trágicas secuelas en Bolivia”.

La vertiente que llama a los gobiernos de izquierda o progresistas en América Latina como gobiernos sometidos a “dictaduras de Cuba y Venezuela” tiene origen en la corriente anticomunista formada desde Estados Unidos luego de la revolución cubana, desde aquel entonces Estados Unidos financió varios movimientos para “frenar la amenaza comunista” y continúa haciéndolo con su política de intervencionismo disfrazada de “apoyo a la democracia”.

2 “El rasgo más trágico es la destrucción de la verdadera democracia, que el pueblo de Bolivia recuperó de las sangrientas garras del Plan Cóndor en 1982”.

El autor no dice que la política anticomunista norteamericana organizó y financió el Plan Cóndor, tal como lo señala este fragmento publicado en New York Times el 12 de abril de 2019 por Ernesto Londoño: “Estados Unidos apoyó en distintos niveles las juntas militares que tomaron el poder en América Latina durante la Guerra Fría. Los oficiales militares latinoamericanos recibieron capacitación en técnicas violentas de contrainsurgencia en la Escuela de las Américas mientras Washington acudía a esos gobiernos aliados para detener el paso de movimientos comunistas en la región

3 “Hoy existen más de 250 presos, perseguidos y refugiados políticos, que luchan por la libertad de la patria.

Esa línea anticomunista llama “héroes” a quienes perpetraron los crímenes y masacres cometidas el 2019 por parte del Gobierno de facto y del que fueron autores gente como Luis Fernando Camacho, basta ver el informe final de la CIDH  (2021), el cual concluye que hubo ejecuciones sumarias y masacres, éstas deben ser sancionadas y los autores procesados, no es poco lo que señaló Camacho al confesar públicamente que su padre negoció con el ejército el amotinamiento para pedir la renuncia del Presidente.

4 “Bolivia es un país al borde de la bancarrota, como lo demuestran las diferentes calificadoras internacionales de riesgo

Ninguna de las calificadoras de riesgo señaló que el país estuviera cerca a la bancarrota, pero sí enfocaron el bloqueo interno a la gestión económica, y un elemento que permite ver la solvencia económica del país son las evaluaciones de organismos internacionales que viabilizan créditos a nuestro país, entre ellos el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento.

Otro dato importante es el de la deuda externa, que ahora representa el 29,2% del Producto Interno Bruto (PIB), en contraste al año 2020 que llegó al 31,1%, esta reducción responde al crecimiento del PIB ya que la deuda se mide en proporción a ese indicador.

5 “En lo social tenemos el segundo país más pobre de Sudamérica”.

Bolivia es el país en América Latina que más ha reducido la pobreza extrema y moderada; el año 2005 el índice de pobreza llegaba al 39,6% y la pobreza extrema al 22%, el 2021 esos indicadores bajaron al 10,2% y 3,9% respectivamente, y estos son datos de Cepal abiertos a libre consulta en su página oficial.

Otro indicador ilustrativo para evaluar la pobreza lo expone Vaclav Smil, profesor emérito en la Universidad de Manitoba de Canadá, en su texto “Los números no mienten” señala que la mortalidad infantil es un indicador importante para evaluar el nivel de pobreza y calidad de vida porque reúne varias condiciones críticas, atención sanitaria, atención prenatal, perinatal y neonatal adecuadas, nutrición de la madre e hijo, condiciones de vida y sanitarias, acceso a asistencia social en un periodo crítico de la vida, el primer año.

En ese indicador Bolivia refleja la mayor reducción de mortalidad infantil en la región, el año 2005 la tasa de mortalidad de bebés era de 43 por cada mil nacidos vivos, el 2021 bajó a 20 por cada mil nacidos vivos.

Estos elementos conducen a las siguientes conclusiones, primero, el movimiento antiprogresista que representa el autor no expresa ideales democráticos sino ultraconservadores que no reconocen los avances y transformaciones de nuestro país, segundo, su lectura sesgada de la realidad le lleva a interpretar una situación de crisis que es útil a ese tipo de movimientos para tratar de proponer una agenda neoliberal.

Bolivia ha cambiado mucho en estos años y sigue cambiando en un contexto crítico para la economía mundial y eso también debe ser enfocado hacia la población.

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