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Con un potencial enorme desaprovechado, el aeropuerto Viru Viru, de Santa Cruz, sigue ahí. Esta importante estación aérea, inaugurada hace más de 38 años, hoy vive una situación particular. Todos los años padece alguna enfermedad producto de la cronicidad que lo sostiene en pie, pero con no pocos tropezones en su andar.

Por citar algunos, el escáner millonario que dejó de funcionar, las quejas de los pasajeros al llegar por el tiempo de espera para ser registrados, el excesivo control a los visitantes y su carga, que padecían del registro hasta de la pelusa en el ombligo, el grosero enmallado del parqueo exterior y hasta la reciente huelga de los trabajadores de la Administración de Aeropuertos y Servicios Auxiliares a la Navegación Aérea (Aasana), entre otros episodios que forman parte del anecdotario folclórico.

Sobre la alfombra voladora de las promesas incumplidas surge aquella de convertirse en un centro internacional de conexiones en Sudamérica, debido a su privilegiada situación geográfica. El ansiado HUB parecía aterrizar por su pista de 3.500 metros de longitud. Incluso se habían anunciado inversiones alentadoras y seguras para administrar el emprendimiento. Pero nada de eso ha ocurrido y hoy el aeropuerto cruceño adolece de problemas básicos.

Lejos está de ser la entrada (o la salida) de una ciudad motor económico del país. Tampoco la de ofrecer una imagen de pujanza e invitar a disfrutar a quienes arriban a una región y a un país lleno de bondades.
Parte del trayecto entre Santa Cruz de la Sierra y Viru Viru está en penumbras, la falta de iluminación se sufre por dos trayectos, por la vía hacia el Cristo Redentor y por la avenida G77, ni hablar del descuido por la falta de ornamentación adecuada que en cualquier país del mundo se cuida y se toma en cuenta a rajatablas.

Pero si de imagen o estética se trata, un puñado de vendedores ambulantes de comida y otros artículos, recibe al forastero dando un color extraño que poco se entiende. En la mismísima puerta de salida, el mercadito al servicio del consumidor, mezclándose con maleteros, guías turísticos, perros callejeros, taxis y micros para darle un aventón al recién llegado.

Entre la clientela permanente se encuentran los propios funcionarios de los Servicios de Aeropuertos Bolivianos (Sabsa), que tienen bajo su responsabilidad el control de las instalaciones de la estación aérea. El cierre del comedor de Sabsa es otro de los motivos que afecta al contexto.

Además de los problemas domésticos, la estación aérea no logra materializar su principal anhelo. En 2019 se anunció un convenio con una empresa francesa que invertiría $us 420 millones. Las obras que debían comenzar en 2020 fueron interrumpidas por la crisis política que vivió el país, sumado a la pandemia y todo quedó en promesas. Sueños que la región hoy reclama hacerlos realidad.
Según expertos un HUB podría triplicar no solo el tamaño del aeropuerto, sino activar un flujo operativo y de pasajeros superlativo para la región. Significa tener cielos abiertos y nuevas rutas y por supuesto una conectividad internacional, que provocaría un desarrollo regional de alto impacto, a planificar inmediatamente.

Este empoderamiento regional conlleva objetivos comunes, energía, unión ciudadana, actitud política sin mezquindades y una estratégica visión de crecimiento para Santa Cruz, que no solo lo persigue y lo sueña, sino que lo merece.

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