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Los demonios de la conspiración

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5 de noviembre de 2018, 5:00 AM
5 de noviembre de 2018, 5:00 AM

El presidente Evo Morales mantiene su interminable bagaje de teorías conspirativas. Un día el “imperio” es el demonio de turno, al otro día le toca al capitalismo (“origen de todos los males”) y luego vendrá algo local, como el argumento de que “la mentira ganó el referéndum que rechazó que él se vuelva a postular a la Presidencia” o el argumento de que “nos quieren derrocar por ser indígenas”, “la oligarquía conspira contra el gobierno popular”, etcétera. Pareciera que el mandatario está obsesionado con el tema y lo plantea de manera a veces contradictoria y a veces incomprensible, llegando a demostrar una falta de sentido de oportunidad para expresar tales posturas alarmistas.

En el caso chileno tenemos últimamente los ejemplos más típicos. Tan pronto se conoció el fallo adverso de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) blandió Morales su dedo “tuitero” y comenzó a escribir cosas tales como “la oligarquía chilena quiere desestabilizarnos y dividirnos”... “El capitalismo quiere dividir para dominarnos y robarnos”... “La derecha boliviana no debe ser instrumento de la oligarquía chilena”... “Aliarse con esa oligarquía chilena es traición a la patria”...Y así sucesivamente. Y aquí viene la paradoja. Mientras escribía estas gruesas adjetivaciones, en simultáneo Evo Morales estaba mandando una almibarada carta a su colega Piñera, solicitando el “pronto” inicio del diálogo bilateral en función de lo expresado en el párrafo considerativo 176 de la sentencia emitida por la CIJ. Un comportamiento tan contradictorio es francamente inexplicable.

La última diatriba acerca de “afanes desestabilizadores” ha sido dual: contra el flamante presidente electo del Brasil Jair Bolsonaro y nuevamente contra Piñera, por haber insinuado este la posibilidad de habilitar entre Brasilia y Santiago un nuevo corredor o tren bioceánico rival del que podría pasar por Bolivia. Y esto lo hizo el mandatario boliviano con dos países claves: el que tiene la llave del mar y el que nos compra gas. Agréguese que, además -mientras Puerto Busch no tenga nivel operacional- Brasil tiene la otra llave del Atlántico, vía el Canal Tamengo.

Ciertamente es posible refutar declaraciones contrarias sin necesidad de ataques sin fundamentos concretos. Caer en reiterativas diatribas acusatorias acerca de “conspiraciones” le está quitando credibilidad al jefe del Estado Boliviano. Este proceder ciertamente no es lo mejor en materia de conducción de la política exterior y tampoco la forma adecuada de alcanzar objetivos que hacen al supremo interés nacional de la patria.

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