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22 de octubre de 2017, 4:00 AM
22 de octubre de 2017, 4:00 AM

El MAS está empeñado en hacer realidad su convicción de que Evo Morales tiene que ser reelegido para un cuarto periodo y que el freno constitucional a solo dos gestiones continuas van en contra de sus derechos humanos.  

Mal amparados en el derecho internacional, ya han tenido su primer traspié. La OEA, dirigida por Luis Almagro, no es la de José Miguel Insulza. Y, además, su apoyo militante internacional se reduce a Venezuela, Nicaragua y Cuba, frente a la pasividad de otros gobiernos. Pero hay regímenes que cuestionan esa forma de actuar, reñida con la democracia, a excepción de Cuba. En la medida que la ciudadanía boliviana sepa resistir a estas ambiciones ilimitadas de poder, mayor será el precio que paguen Morales y su Gobierno por el intento de consolidar una dictadura sindical-populista en Bolivia.

El MAS presenta a Morales como el primer presidente indígena, pero ¿será posible que esta estrategia de reproducción forzada del poder tenga éxito? El Gobierno se arriesga a que el mundo descubra al verdadero Morales y que sepa que el discurso indígena no es más que una impostura, pues la esencia y base política firme del régimen son los sindicatos de productores de hoja de coca de Chapare, del cual Morales es su principal dirigente. Todos los organismos internacionales, empezando por Naciones Unidas, saben cuál es el destino de esa hoja: la producción de cocaína. 

¿Estará la oposición política interna a la altura del reto de esta reproducción tóxica del poder? ¿Entenderán que darnos la espalada entre la oposición política y sus organizaciones están diseñadas para una sociedad que ya no existe? Bolivia ha avanzado en muchas áreas, pero ha retrocedido y se ha estancado demasiado en la discusión y en la práctica política en libertad. Necesitamos un reimpulso generacional, los jóvenes están inquietos, pero ven a los partidos como maquinaria de mantenerse en el poder nacional, regional y local. Es una generación que se ha educado en democracia, pero sin la comprensión de sus principios, sino más bien en la desafección de los mismos. ¿Estarán los sectores medios de la población haciendo los análisis correctos? Me temo que no, porque el Gobierno les está vendiendo a los factores de poder un falso discurso, como si la reelección de Morales fuera  lo único que garantizará la continuidad de proyectos y de los privilegios obtenidos, producto del boom económico del país en los últimos 10 años.

Santa Cruz es un departamento con una clase dirigencial exitosa en lo económico, pero débil políticamente. Le pasa lo que suele suceder a toda capital económica en el mundo: la política interesa poco y no preparan dirigentes ni élites que defiendan los principios que toda clase dominante y clases medias deben defender: sus intereses ante todo, acompañados de democracia, libertad, independencia de poderes y libre mercado, condiciones indispensables para seguir creciendo económicamente. 

Si a esos niveles no se practica la política como espacios de diálogo, intercambios de ideas, análisis a corto, mediano y largo plazo, la política la hacen otros. Desde finales del siglo XX hablamos del rol que debe jugar Santa Cruz en el concierto nacional y los discursos de su liderazgo político, pero poco se ha avanzado: el inmediatismo nos ha traicionado, nos hemos apurado tácticamente y esos errores los estamos pagando caro.

Esta es una gran oportunidad que no la podemos desperdiciar. Sus dirigentes políticos locales, los sectores productivos, institucionalidad, sectores empresariales, clases medias emergentes debieran asumir los valores que han producido a lo largo del tiempo sociedades exitosas del mundo sobre la base de los valores ya mencionados. Nos arrepentiremos después por generaciones, ya que el sistema de re-reelección indefinida y el control hegemónico del poder que pretende el MAS no viene solo. Estará acompañado de mayor control económico por parte del Estado, sustitución de clases dominantes, hegemonía cultural, aislamiento internacional producto del cambio de reglas democráticas y alineamiento militante con regímenes que en el siglo 20 fracasaron económica y políticamente en todo el mundo por la concentración de poder que destruyó su aparato productivo.

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