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OPINIÓN

Los desafíos ineludibles

5/7/2020 03:00

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Norah Soruco de Salvatierra, ex parlamentaria

Una de las lecciones aprendidas del movimiento obrero en un tiempo ya pasado por desgracia, fue que en momentos de crisis la prioridad era salvar a la empresa, porque significaba la fuente de sustento de su familia, aún postergando sus justas reivindicaciones para poner el hombro hasta superar las condiciones adversas.

Está claro que la situación económica post pandemia en un país como el nuestro con una precaria y por tanto vulnerable estructura del empleo, planteará las más serias pruebas para mantener las empresas en pie, y que la restricción de la demanda preexistente será sustituida por otra de mayor prudencia y selectividad. Con ello sufrirán más aquellos sectores cuyos productos se consideren prescindibles en lo vital, poniéndolos en situación de crisis más prolongada en su proceso de rehabilitación, que sin duda requerirá además de un mayor esfuerzo, de la solidaridad de su pueblo, en especial de aquellos que más pueden.

El empresario está conminado a mirar su empresa con otros ojos, dejando los patrones de satisfacción y realizaciones particulares, para pisar tierra y asumir con crudeza la nueva realidad, que sus fines ya no son sólo los suyos sino de todos los trabajadores que con él hacen una comunidad de intereses y objetivos, y con cuya fuerza y concurso tiene más posibilidades de salir adelante.

Por su parte los trabajadores deberán tomar conciencia que su empleador no es un enemigo, lejano y ajeno a sus propios intereses a quien hay que combatir, denostar o sólo pedir, sino que existe una interdependencia indispensable para volver a mover la empresa.

Y por último, las instituciones del Estado deberán cambiar la consabida conducta de pasiva espera de los ingresos generados por otros, de la simple política ‘recaudacionista’ de ingresos tributarios, estrangulando y asfixiando a quienes producen y generan trabajo, y más bien, optimizar las condiciones para que las empresas se oxigenen y puedan resurgir y con ello, se dinamice la economía nacional que es la de todos los bolivianos; y al propio tiempo, que cada centavo público sea manejado bajo estrictas condiciones de eficiencia, eficacia y honestidad y lo más importante, que se tenga tolerancia cero con la corrupción, con la ociosidad y la ineptitud.

En síntesis, estamos obligados a hacer los sacrificios que la hora nos exige, para poder sobrevivir a los momentos cruciales que se nos vienen.