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Dos llamativas propuestas han correspondido al ministro de Defensa, Edmundo Novillo, que las deslizó públicamente en los últimos días. La primera de ellas apunta a ‘desestigmatizar’ la consigna ‘patria o muerte’ que fuera acuñada en 1960 por el dictador cubano Fidel Castro y que era repetida constantemente por el expresidente Evo Morales en actos oficiales con las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana.

Novillo considera que la arenga no debe manejarse como una ‘consigna’ sino como mensaje patriótico que encarna una ‘filosofía de vida’. Dicha arenga foránea fue suprimida por el Gobierno de transición de Jeanine Áñez. Las FFAA y la Policía se mantienen silenciosas y expectantes ante la posibilidad de que en la nueva gestión de gobierno, el grito ‘patria o muerte’ rematado con el ‘venceremos’ vuelva a retumbar en sus cuarteles. Sin embargo, guardando prudente reserva, algunos sectores castrenses se han manifestado totalmente contrarios a tal posibilidad y piden que se deje de manosear a dos instituciones fundamentales de la nación.

La historia no puede ni debe ser olvidada o malinterpretada por sesgos ideológicos ni por ataques de amnesia. Entre 1966 y 1967, las Fuerzas Armadas lucharon contra el Che Guevara que había llegado a Bolivia, con el ‘patria o muerte’ en sus alforjas, dispuesto a instalar una guerrilla o lo que él llamó ‘un nuevo orden político’. 

En realidad, el comandante cubano-argentino pretendía exportar la revolución cubana a Sudamérica desde el corazón mismo de la región. Después de un año de cruentos combates y varias bajas de ambos bandos, el conflicto terminó con la captura y posterior muerte por fusilamiento del líder comunista que fue convertido en mito.

Durante los casi 14 años del Gobierno de Morales fueron reivindicados en varias oportunidades los ‘combatientes’ de la guerrilla del Che que provocó luto y dolor a la familia boliviana, cuando correspondía rendir homenaje póstumo a los 59 defensores de la soberanía nacional que perdieron la vida bajo la metralla comunista. 

Un acto de homenaje y desagravio que debería rendirse todos los años extendiéndolo a los 800 militares sobrevivientes que participaron en el combate de Ñancahuazú, donde las fuerzas invasoras instalaron su campamento base en una finca atravesada por el río del mismo nombre, a solamente 250 kilómetros al suroeste de Santa Cruz de la Sierra.

Otra propuesta del mismo ministro considera necesario un ‘desagravio’ de los ciudadanos bolivianos a Morales, similar al que su masa partidaria le tributó en Chapare a su retorno al país hace algunos días, casi un año después de que renunciara a la Presidencia y huyera de Bolivia rumbo a su exilio inicial en México antes de trasladarse a Argentina. ¿Desagraviar a quien se burló de la voluntad popular expresada en las urnas porque pretendía atornillarse a perpetuidad en el poder? ¿Rendirle pleitesía al gobernante autoritario y soberbio que buscaba reelegirse sin límite argumentando que era su ‘derecho humano’? ¿Ofrecerle una disculpa al exjefazo que amenazó con cercar a las principales ciudades del país para dejarlas sin alimentos? ¿Pedirle perdón al que le faltó el respeto a las reglas de la democracia? En ambos casos, queda muy claro quiénes deben ser los desagraviados en el país y los que le deben, mínimamente, una disculpa y un propósito honesto de enmienda para el nunca más de lo mismo a los bolivianos.

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