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1 de abril de 2018, 4:00 AM
1 de abril de 2018, 4:00 AM

Muy pocas veces, un proceso judicial despertó tanto interés como la demanda de Bolivia contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya. La emergencia y la difusión de la figura de los “compromisos unilaterales” en el derecho internacional facilitó el camino a nuestro Gobierno para la construcción y aplicación de la demanda. Los argumentos bolivianos fueron consistentes y, en cambio, la diplomacia chilena no logró conformar una línea de argumentación coherente.

La difusión de este juicio tiene un enorme valor pedagógico. La transmisión de la televisión estatal de los argumentos chilenos y bolivianos fue un acierto comunicacional y pedagógico: ayudó al conocimiento de historia y muchos se sintieron estimulados a leer el Libro azul del mar.

El valor histórico. Se incrementó la conciencia continental y mundial de que Bolivia nació con acceso al mar, pero la invasión chilena -no guerra- de 1879 le mutiló 120.000 km2 y 400 km de costa. El rechazo a la objeción preliminar de Chile incluye el reconocimiento de la Corte Internacional de Justicia sobre el nacimiento de Bolivia con salida al mar. 

Otro acierto boliviano fue la continuidad del agente y del equipo diplomático (a diferencia de Chile, que cambió a tres agentes y a su responsable de comunicación). El equipo técnico jurídico internacional se mantuvo íntegro. De la misma forma, la acción boliviana puso a la diplomacia chilena en el banquillo internacional de los acusados. Además, se desnudaron sus flaquezas, contradicciones y conservadurismo. Finalmente, cómo no recordar la votación aplastante contra Chile (14 votos de 16) cuando la CIJ se  declaró competente para atender la demanda boliviana. 

Sin embargo, la diplomacia boliviana cometió serios traspiés.  El presidente Evo Morales y sus colaboradores tropezaron en las tentaciones de la mediatización, personalización y electoralización. La angurria de poder y la repostulación pesaron más que los intereses nacionales. 

Otro problema. Los voceros más destacados fueron ajenos al Ministerio de Relaciones Exteriores. Si la Cancillería está con otras preocupaciones ¿el vocero era el ministro de Justicia? ¿El coagente recientemente nombrado? ¿El presidente Morales o el vicepresidente García Linera? ¿Los presidentes de las cámaras legislativas?

Un problema gigante está conformado por los ataques y provocaciones innecesarios del presidente Evo Morales. Nuestro Gobierno tiene poca conciencia de las consecuencias peligrosas y, con la mayor frescura, ventilar en Twitter temas internacionales y diplomáticos. Mientras el equipo negociador insiste en la prudencia y el bajo perfil mediático. 

¿Que el canciller de Chile sea su jefe de campaña? Esto es el reconocimiento de la prioridad electoralista encima del tema marítimo. Evo Morales destacó la repostulación y se olvidó del mar. 

Usó y usa el tema marítimo con intereses personalistas y caudillistas. En las intervenciones orales de Bolivia, uno de los abogados planteó que con la devolución del 0,2% de territorio Chile podría resolver este problema. ¿Sugerencia de canje territorial? ¿Era aconsejable anticipar el debate de fondo?

¿Fue importante el viaje del presidente Morales a La Haya? ¿Hubo otro motivo que no haya sido el intento de destacar su protagonismo electoral? Recordemos la fotografía del presidente y sus acompañantes sentados con el puño izquierdo en alto frente a los jueces de la Corte Internacional de Justicia. ¿Frivolidad, desubicación o lapsus electoralista? Finalmente, la presencia repentina de Sacha Llorenti, embajador de Bolivia ante Naciones Unidas. ¿Cuál es su contribución?

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