Opinión

Los espacios públicos

El Deber 15/5/2017 04:00

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En nuestra capital oriental muchas veces criticamos lo que hacen y no hacen las autoridades municipales, pero pocas veces generamos una sana autocrítica sobre la manera en que la gente en general se comporta frente a los espacios públicos y con respecto a la ciudad. Si nos tomamos el pequeño esfuerzo de realizar la mentada autocrítica, una gran mayoría sale perdidosa. Nos alarma, en particular, el auge -nítidamente observable- en materia de depredación de los espacios públicos. En algunos sitios lo irracional (árboles o jardineras) tiene que cercarse para evitar que algún humano -presuntamente racional- dañe el lugar con insólita perversidad o suba un vehículo encima, el que provocará un daño irreversible a la indefensa vegetación plantada allí como parte del ornato urbano.

Es casi común observar cómo se tiran -desde las ventanillas de cualquier automotor- cáscaras, papeles, plásticos y desperdicios a las calles de una urbe que ya tiene inmensos problemas en materia de tratamiento y recojo de basura. Nadie es castigado, todo el mundo hace lo que le viene en gana y el que protesta es visto como bicho raro. En las plazas se roban los bancos o simplemente los arruinan, con una siniestra saña que llama la atención hasta desde el punto de vista de las sicopatías sociales. En esas mismas plazas los basureros están ahí, pero la mayoría opta por botar botellas vacías o restos de comida directamente en el parque y no en los recipientes que corresponden. Por otro lado, cada cual mira lo suyo y le importa un bledo el resto. Si alguien limpia, limpia lo propio y punto, aquello de más allá no interesa. Y si uno pregunta le dirán “no es de nosotros”, “que venga la Alcaldía y limpie”. No hay solidaridad social ni respeto hacia la ciudad. Lamentable es verdad. Y debemos reconocer que así actúa la mayoría de los ciudadanos, no nos ceguemos. Inclusive quienes proclaman su “amor” por Santa Cruz de la Sierra casi siempre son los primeros en arruinar o ensuciar algo, sin contar la época carnavalera, cuando paredes indefensas son objeto de múltiples abusos. Esta conducta antisocial y antisolidaria tiene que ir cambiando. 

Para tener más progreso, debemos comenzar por el cuidado de lo que es nuestro en forma colectiva. Los espacios públicos son, además, fruto de nuestros impuestos. Con una educación persistente y fuertes multas, poco a poco se podrá superar la alarmante anomia social del momento. En épocas de cámaras por doquier la labor de control ya no será tan difícil. Debemos esforzarnos en cuidar los espacios públicos. 

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