7 de abril de 2022, 4:00 AM
7 de abril de 2022, 4:00 AM


El 9 de abril se cumplirán los 70 años de la revolución nacional.

Hace algo más de un año, con ojos curiosos y aprovechando lazos de amistad y de respeto compartido, desde Santa Cruz inicié una investigación sobre la base de entrevistas con los hijos de sangre de quienes la encabezaron; también, con otros hijos de quienes aportaron con pensamiento e ideología; y con otros hijos de quienes estuvieron enfrentados con ella. La dinámica abrió la necesidad de completar el escenario con actores contemporáneos que sin haber sido parte de la contienda, aceptaron sumarse para completar los espacios que necesitaban ser desarrollados en materia de cultura, arte, pensamiento crítico, construcción de la consciencia nacional…

Reconozco que la pandemia por el escenario de reflexión colectiva que nos impuso, facilitó el diálogo y predispuso el ánimo de los entrevistados, que se involucraron con generosidad y compromiso a compartir la vida de sus padres. Esta semana, los originales de Los Hijos de la Revolución
ingresan al diagramado en la Editorial Heterodoxia bajo el cuidado de Tyrone Henrich, para que en este mes del aniversario pueda compartir el producto de las 50 entrevistas en las más de 500 páginas que contendrá el producto final.

Confieso que me cuesta desprenderme de las sorpresas que he encontrado, no en los acontecimientos que están estudiados desde todas las visiones, sino en el de la constatación compartida desde los ojos de la relación familiar de los entrevistados, a 70 años se siguen planteando matices y abriendo inquietudes sobre nuestra existencia como Estado. Me han ayudado en el trance conceptual, Carlos Toranzo Roca, Carol Gainsborg Rivas y Roberto Barbery Anaya con sus aportes iniciáticos y descriptivos desde sus perspectivas enriquecedoras; reconozco también la lectura crítica de Manuel Suárez Ávila que me ayudó a entender matices de la revolución desde adentro del MNR.

Gracias a todos los que participaron sin cálculo y me permitieron entrar a esos espacios del diálogo íntimo cargados de compromisos. Mi gratitud se expresa compartiendo con el gran público esta parte de nuestra Historia contada con los ojos de quienes participaron silenciosos por la edad, en las gestas que cambiaron la Historia de Bolivia.

La revolución, vista en la perspectiva de sus 70 años, se inicia con el nacimiento cívico de la Guerra del Chaco y la manera cómo la generación que volvió de las picadas, fue fraguando una comprensión de la patria que se abrió al asombro al aceptar las diferencias. En esa secuencia, el Gobierno de Germán Busch y el Plan Bohan juegan un papel fundamental, junto a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, la Corporación Boliviana de Fomento, los Comités de Obras Públicas, las Corporaciones Regionales de Desarrollo y después los gobiernos municipales, gobernaciones y autonomías indígenas, con la elección y reconocimiento de sus autoridades.

La Marcha al Oriente, para lograr el resultado que vemos ahora, encontró terreno fértil en Santa Cruz abonado por Andrés Ibáñez, el Memorándum de 1904, la creación de las mutuales, las cooperativas y el movimiento cívico que reivindicaba las regalías del 11% para todos los bolivianos; todo ello se sumó a una voluntad de trabajo productivo que empató con las necesidades que la patria asumía como imprescindibles de sustituir importaciones y hacer producir la tierra descubierta. Bolivia confluyó en Santa Cruz y hoy, este departamento expresa la riqueza del vitral que se enriquece y complementa con todos los colores y se suma a la patria trabajando dignamente.

Resulta pedagógico escuchar en voz de los hijos de la revolución, la visión que tenían sus padres sobre esta construcción que sumaba gente, voluntad y territorios. No fue idílico ni fácil, y las consecuencias todavía las vivimos con susceptibilidades y desencuentros por la violencia de entonces no superadas del todo, y ahora por ese otro producto de lo nacional popular que no se asume como tal, y se expresa en el Movimiento al Socialismo. El triunfo de la revolución permitió, en 1952, el inicio de la derrota del Estado semifeudal construido sobre pongos, castas, roscas oligárquicas y un voto censitario que priorizaba la exclusión. Las tareas de recuperación de la nación, hoy a través de la ciudadanía inclusiva y digital y de la soberanía sobre nuestro futuro, se expresa en la disputa del escenario político y el poder, tratando de superar matices raciales, marginación y violencia de género, y exigiendo acercarse al mundo a través de la inteligencia, la integración, la globalización y la competitividad impuestas por la pandemia.

Todo eso está en Los Hijos de la Revolución. Alea iacta est… Al dar las gracias por el privilegio de haber sido aceptado como interlocutor, soy el primer sorprendido con los hallazgos.

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