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29 de enero de 2019, 4:00 AM
29 de enero de 2019, 4:00 AM

Creo que pocos escritores supieron interpretar la Alemania de entreguerras como Bertolt Brecht. Intelectual, lector empedernido, militante marxista, influyó determinantemente en la generación de la Escuela de Frankfurt, sobre todo en Walter Benjamin, aquel que creía que había que cepillar la historia al revés, como las crines de un caballo, para encontrar las hebras que los otros ignoran.

Brecht tiene un bello poema que habla de quienes realmente construyen la historia: “Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó? /En los libros figuran los nombres de los reyes. /¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra? /Y Babilonia, destruida tantas veces, /¿quién la volvió a construir otras tantas? /¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron? /La noche en que fue terminada la Muralla china, ¿adónde fueron los albañiles? /Roma la Grande estaba llena de arcos de triunfo. ¿Quién los erigió?”.

La historia con minúsculas, no la de los presidentes, sino la de los de abajo, que son quienes de verdad la construyen.

En los años 30 del siglo pasado, Brecht llama a los desposeídos a la lectura: “¡Asiste a la escuela desamparado! /¡Persigue el saber muerto de frío!/ ¡Empuña un libro hambriento! Es un arma/ Estás llamado a ser dirigente”.

Por esos años se discutía si el indígena boliviano debería o no ir a la escuela. Hoy, claro, nos podemos revolcar de risa de los que postulaban que no.

La mayor parte de mis estudiantes serán profesionales de primera generación. El 70% de mis alumnos son aimaras y puedo dar muchos más ejemplos.

Para que esto fuera posible, sus abuelos fundaron Warisata (La Paz), la escuela para profesores indígenas, y construyeron escuelas clandestinas para que los chicos aprendieran a leer sin que el patrón se enterara. E hicieron la Revolución del 52, la Reforma Educativa, el voto universal, etc.

En los últimos 12 años se ha doblado la cantidad de alumnos universitarios en Bolivia y hasta 2025 podría una vez más duplicarse. Cierto que cantidad no es calidad y hay un largo camino hacia la excelencia académica. Pero se avanza.

Y sí, Bertolt, los libros son armas, los empuño todos los días, los amartillo, porque parafraseando al subcomandante Marcos: “La libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla”. Y yo camino la noche. Pero no marcho solo.

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