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En Salem (EEUU), en 1692, se condenó a muerte a 19 personas  acusadas de brujería,  y  se enjuició  y torturó  por el mismo delito a unos 300. El complot de la familia Putnam contra la familia Porter, aunado a la ausencia de la Carta Magna que los protegiera contra falsas acusaciones, fue el ingrediente para este genocidio.

El artículo 205 del actual Código Penal, ya  promulgado, define penas de cárcel de 2 a 6 años por  “daño a la salud”,  en un concepto abstracto que queda a juicio del juzgador, vulnerando el principio de certeza taxativa y exponiendo no solo al médico, sino a cualquier profesional ante cualquier denuncia a ser enjuiciado y sentenciado por la vía penal con fines extorsivos.

Un absceso (‘puchichi’) que es  la formación de pus en cualquier cavidad del cuerpo humano, por ejemplo: el  rostro, expone a quien lo padece a un proceso progresivo infeccioso que se inicia como una celulitis (inflamación del tejido de grasa debajo de la piel). En una primera fase el tratamiento antibiótico puede resolver la infección; cuando el absceso ya está consolidado no habrá tratamiento antibiótico en todo el mundo  que lo pueda resolver. Los  gérmenes se atrincheran como un ejército protegido por escudos que impide la llegada y acción  de los  antibióticos. Los gérmenes crecen, se reproducen y pueden afectar órganos a distancia, como corazón, riñones, cerebro, llegando a producir incluso infección ósea, meningitis o la muerte.

Con el nuevo Código Penal ¿cuál será el médico que se atreverá a cortar la piel humana de cualquier infectado con un bisturí para eliminar el proceso supurativo? Es inevitable ocasionar,  en el proceso terapéutico, una cicatriz permanente (lesiones gravísimas marca indeleble art. 270 Código Penal) en el rostro. El paciente tiene carta blanca para denunciar a quien le salvó la vida  por lesiones gravísimas y,  con la complicidad de jueces y fiscales corruptos, perdería sus bienes y su libertad  aunque su único ‘delito’ hubiera sido salvar esa vida. Con el nuevo Código, el bisturí o el medicamento  deja de ser un instrumento curativo y salvador de vidas para, a capricho de cualquier juzgador  y oportunista,  ser  catalogado como el puñal asesino o el veneno  de cualquier delincuente.

¿Exageración? En Santa Cruz, hace pocos años, aún sin este artículo patibulario del Código Penal (digno del periodo de las brujas de  Salem) cinco médicos que sucesivamente diagnosticaron y trataron una diarrea simple (enfermedad autolimitante que cura espontáneamente en algunos días) fueron enjuiciados por homicidio debido a que el pequeño paciente falleció durante la diarrea como consecuencia de la intoxicación por hierbas producida por la abuela. No hubo investigación, no hubo examen forense, no hubo análisis de la acción de las hierbas asesinas, simplemente extorsión y cárcel para los cinco médicos. Dios salve y proteja nuestra Nación.