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Los megaerrores del MAS (…y cómo los enmendó)

Franklin Alcaraz 17/12/2020 05:00

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La primera oportunidad que el MAS llegó al poder, colisionó con la formidable bandera de la autonomía. Le costó sangre, sudor y lágrimas desmontarla. Tuvo que pasar lo del hotel Las Américas y un viraje virtual del Gobierno de entonces hacia la “autonomía”. Una especie de “estrategia envolvente” destinada a “convencer” a las regiones, especialmente a Santa Cruz, que las autonomías se implantarían si o sí. Para que no parezca que traicionaban a sus bases, le dieron tinte “indígena”.

Sabemos que el MAS nunca fue autonomista y que la sola palabra les sacaba roncha. Salieron con su gusto. No hubo, ni hay autonomías. Implantaron el Gobierno más centralista de la historia del país, con “autonomías” de papel. Y aquellos que todavía creen que lograron “cierta autonomía” pecan de ingenuos, porque una cosa es decir “tenemos autonomías” y otra que realmente existan.

Científicamente hablando, no existen “datos fríos, desnudos”, es decir sin interpretación (por eso no creo en el periodismo “aséptico”), como tampoco interpretaciones sin datos (causas, hipótesis, teorías, suposiciones, conjeturas). Esta forma de razonar nos enseña la neurociencia. Y esto nos lleva al tema del cual nos ocupamos.

La segunda oportunidad que el MAS llega al poder, advierte que el segundo megaerror que cometieron está en la justicia. Y aunque esta vez es un “error” muy conveniente para ellos, no lo es para el pueblo, para la gente, para los habitantes de este país que están convencidos que la tal “justicia” es un instrumento político del Gobierno, lleno de corrupción, incapacidad, negligencia y prebendalismo (Ref. varios recortes de prensa). Entonces, hay que cambiar esa imagen; o por lo menos identificar al Gobierno con el pueblo y amasar la posverdad de que “hay voluntad” para enmendar lo que a todas luces está mal.

Entonces aparece un ministro de Justicia que propone lo que todos quieren: una justicia de verdad (o por lo menos que se acerque a ella) modificando lo que sea menester. Pero ya apareció también el sistema de dilación (llamado chicanero en el leguaje popular) por el que acompañado de otra “estrategia envolvente”, se reunirán “notables”, se efectuarán reuniones, seminarios, invitaciones a expertos internacionales que redactarán cartas, borradores, propuestas, recomendaciones… Y ocurrirá lo que pasa con las autonomías: mucho papel … y poca obra.

Finalmente se dirá, sin cambiar nada, como ya se dice de las autonomías, “tenemos autonomías”, los masistas y la oposición ingenua repetirán ¡al fin tenemos justicia!.

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