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Los Miserables

Oso Mier 9/2/2021 05:00

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Víctor Hugo es uno de mis amigos preferidos porque, por mera coincidencia, ambos somos dramaturgos, periodistas y locos. También nos unió patear pelota desde chicos, pero en equipos muy diferentes. Él jugaba en el club Árabe y yo en el Macabi. Sin embargo, nunca llegamos a cuestionarnos por qué los árabes y los judíos se sacaban la contumelia desde que Moisés empezó a peregrinar por el desierto.

Pero ese es otro cantar. La otra noche de bohemia, nos embriagamos entre humo de los cigarrillos, con la música de Los Iracundos. Copas iban, copas venían y con mujeres de por medio, tratamos de crear una filosofía nueva del pensamiento político de Bolivia. Claro, lo hacíamos vía online. En realidad, todo era virtual, porque ninguno de los dos fumamos y el cabernet que abrí, ahora solo sirve de vinagre; se torció desde la Noche del Año Nuevo. Lo único real eran las mujeres de por medio, nuestras contrapartes, nuestras esposas que ya no nos aguantaban en el confinamiento, pero no nos dejan salir ni a la puerta.
Literariamente seguimos en la joven guardia romántica, aunque Victor Hugo se alineó filosóficamente a Alfred de Musset, Charles Nodier y Carlos Marx y yo, románticamente, a Joan Manuel Serrat, Lucho Gatica y Armando Manzanero.
Víctor Hugo me reveló que estaba escribiendo una novela que, bajo el título de Los Miserables, analizaba los perfiles de los actuales políticos.

-    ¿Por qué tan drástico para titular Los Miserables?, le pregunté.
- Porque miserables son, por ejemplo, los miembros de la comisión de parlamentarios que negaron un homenaje póstumo a un servidor público que falleció en esta pandemia, por el mero hecho de no haber sido de su partido. Fue un tipo que no habló mal para nadie, que cumplió su deber ciudadano, pero el parlamento lo ignoró porque un grupo b… así lo decidió, en nombre de la patria.

- Pero ¿vas a poner b…, en el libro?
- Iba poner algo peor, pero…
- No, déjalo así. Pero es un hecho aislado. No todos son miserables.
Para mí también son miserables los que se están ahora jalando las mechas disputándose quién trajo las vacunas, cuando no es hora de sacar ventaja política por eso, sino unir fuerzas para salir de estas horas de dolor y traer vacunas por millones, no por miles.

-    En mi libro, subrayó, otros pretenden ser autoridades nacionales, con planes, poses y conocimientos miserables, con los cuales hacen campañas, no es justo. Y me incluyo y te incluyo a vos, porque nos quedamos en la chicana miserable de decir votaré por fulano porque es el menos peor de los peores. Todo es, una mediocre huevada.

Luego de reflexionar un poco, mi amigo entendió que, no por llamarse Victor Hugo su libro debía llamarse Los Miserables. Reconoció que también hay buenos tipos en la política.
Su libro será un éxito. Coincidimos en cambiarle el título por Los Michizangos.

*¡Ojo! el autor, además de periodista; es humorista.

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