Opinión

Los reyes del buen comer

El Deber 20/5/2017 04:00

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En la Santa Cruz de los años 60 no había lugares donde comer bien, digamos que no existían lo que se llama restaurantes, con excepción de dos o tres como Floresca, de Caíto Flores; Ambassador, Los Patos, de Osvaldito Parada, y algunos lugares de churrascos, pollos a la brasa y un par de chifas. En cuanto a bebidas reinaba la cerveza, y el vino era poco menos que una extravagancia, al extremo de que recuerdo bien la vez que Raúl Vaca-Pereira, cuando yo todavía era un mozalbete, pidió una botella de tinto para acompañar unos espaguetis y ninguno de los amigos lo había probado todavía.

Pues hoy se come magníficamente en nuestra tierra. No solo en los hogares donde las amas de casa pueden contar con todos los productos que necesitan y con las especias, que son el secreto del buen sabor, sino que existen una gran cantidad de restaurantes, algunos realmente calificados, a la altura de las exigencias internacionales. Esto ha significado que los cruceños tengamos chefs –mujeres y varones– que son estupendos y que aman su profesión, lo que garantiza que la calidad de nuestra cocina irá ganando más gourmets.

Un local que perdura desde hace 30 años es el de mis primos Suárez Bello: Miguelángelo. En la vieja casa de mis tíos Lorgio y Tojita, en pleno casco viejo, sus hijos mayores, Carlos y Jorge, instalaron un restaurante muy acogedor que poco ha cambiado –salvo sus elegantes ampliaciones– donde desde el primer día se comió estupendamente sin que variara hasta hoy. La especialidad es la maravillosa comida italiana de la que Miguelángelo se ha convertido en un símbolo.

Carlitos ‘Canilla’ se ha quedado a la cabeza del ‘ristorante’, que inicialmente fue familiar y que, hoy mismo, es atendido por algunos de sus hijos que están dedicados a la carrera gastronómica. Ahí disfrutamos desde hace años de toda clase de ñoquis, lasañas, espaguetis, ravioles, de magníficos ‘rissotos’, de mariscos y pescados fresquísimos, todo elaborado con arte, ciencia y pasión. 

Miguelángelo, además, ofrece una de las bodegas de vino más variadas y abastecidas que existen en la ciudad y Carlitos, convertido en catador internacional, un verdadero enólogo, nos hace deleitarnos con sus caldos que provienen de los lugares donde se produce el mejor vino, promocionando también el buen tinto nacional. En suma, Miguelángelo y ‘Canilla’ Suárez nos hacen muy felices, cuando en familia o con amigos encontramos algún lugar donde gozar en el ‘ristorante’ durante un fin de semana nocturno. 

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