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Estamos en la recta final antes de que se defina qué características tendrá la cuarentena dinámica. Se trata de la flexibilización de las restricciones para las zonas donde hay riesgo medio y riesgo moderado; es decir para aquellos municipios donde no ha habido tanto contagio. Si bien se dijo que se tomarán muestras aleatorias en cada comuna para establecer esa clasificación, aún está pendiente una explicación más precisa sobre la metodología a utilizar. 

En cualquier caso, el próximo lunes debería comenzar esta nueva etapa y es importante tomar en cuenta que, así como se pretende dinamizar la economía nacional, también hay riesgos que deben ser considerados y minimizados.
El primero tiene que ver con la politización de la pandemia. 

Es decir que lo que se haga o se deje de hacer esté teñido por las campañas presidenciales que buscarán ganar a costa del desprestigio de sus adversarios. El costo de esta práctica es que se sembrará la duda, la falta de fe del ciudadano, la incertidumbre respecto a su salud y su economía. Esto puede desembocar en desacato, cuyo mayor problema será el contagio.

El segundo, asociado al anterior, es el afán político de quienes han instigado al desacato de la cuarentena. Es perverso, pero ha existido y aún existe en algunas zonas, como he revelado algunos comunarios de Eucaliptus durante una visita del ministro de Obras Públicas. Desde el inicio de la pandemia, hubo voces –muchas ligadas al MAS- que se esforzaron por hacer creer que el coronavirus es un invento y que no existe real peligro de contagio. Esta absurda acción atenta contra cualquier estrategia y debe ser minimizada.

A lo anterior se suma el tercer riesgo, que es el hambre y la necesidad de cientos de miles de familias en el país que no tienen ingreso y cuya necesidad las obliga a salir a la calle en busca de cómo obtener recursos para comer. En una región como Santa Cruz, con alta tasa de infectación y con elevados índices de migración, hay que definir cómo se controla esta situación. ¿Habrá más bonos que mitiguen esas carencias? ¿Está en condiciones el Estado para erogar más recursos y ayudar a estas familias?.

Esta situación conlleva a un peligro adicional, que puede ser azuzado por agentes políticos opositores, pero que tiene su caldo de cultivo en la pobreza y el hambre, se trata de los brotes de descontento social que pueden ser peligrosos para el sostenimiento de las restricciones que se mantengan.

Si cualquiera de los peligros anteriores se hiciera realidad, el peligro mayor es que se multipliquen los contagios, que la curva de casos llegue a un pico incontrolable para el sistema de salud y para los responsables de los mismos; es decir que haya un colapso cuando en el país aún no hay la capacidad de atención que una situación así implicaría. Ya pasó en Italia, en España y vimos el desastre que ha significado. Más cerca, acaba de ocurrir en Beni, donde los cívicos piden la declaratoria de desastre porque no hay unidades de terapia intensiva y, por tanto, tampoco los respiradores que se precisan para una enfermedad que mata asfixiando a los pacientes.

La cuarentena dinámica también tiene un punto pendiente que es el acuerdo con los gobiernos subnacionales. Hay alcaldes y gobernadores que expresaron su desacuerdo con esta medida. Lo hizo la alcaldesa de Santa Cruz de la Sierra y tiene razón por la alta tasa de infectación: más de 200 casos solo en el fin de semana.

Son varios peligros y es pertinente que el Gobierno nacional los analice y los ajuste. Faltan pocos días para el inicio de la cuarentena dinámica. Aún hay tiempo para ser coherentes con el bien mayor que es Bolivia.