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Los secretos de la pandemia

18/5/2020 03:00

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Jorge C. Mercado Velarde / Terapeuta psicoespiritual 

Gracias a la pandemia nos hemos visto obligados a entrar en cuarentena y no solo en Bolivia. Casi como una condena a cadena perpetua por haber abusado de la ambición y el egoísmo.

Hoy encerrados en la “soledad” de nuestra casa poco a poco la vamos convirtiendo en nuestro hogar, descubrimos que lejos de las necesidades impuestas por la sociedad de luchar por una posición, obtener mayores ingresos, ser el depredador de la naturaleza y de mis semejantes , vivir en un egoísmo ya no secante sino también agresivo, viviendo una vida que no había tenido la trascendencia necesaria y a medida que nos sumergíamos en esa ilusión, más necesario se hace incrementar esa búsqueda.

Descubro la belleza de despojarme de mis prejuicios y me tiro al suelo a jugar con mis hijos, a escuchar a quienes me rodean, a tratar de comprender sus puntos de vista que sin coincidir con los míos, habían tenido el valor de ser su verdad.

Despojo de mi mente el machismo y me encuentro inmerso en las labores domésticas. Aprendo a valorar las “insignificancias” y encontrar la grandeza que encierra este compartir.

Las cosas pasan por algo nos consolamos. Y me pregunto ¿será esto lo que buscaba Dios? ¿Castigarme para que aprenda? ¿Dónde quedo aquel Dios de amor que pregonó?

Pregunta obligada para quienes profesamos la búsqueda de lo espiritual y en esa búsqueda planteo que ahora es vital entrar en una cuarentena íntima y alejarme de mis dogmas, huir de esas esclavizantes maneras de dominar, reconocer en mi prójimo a mí mismo, dejar de someterme a alguien para conseguir su favor o actuar proyectando quien no soy para ser aceptado.

Vine al mundo con una tarea y la obligación de ser feliz. Para eso nací solo, me recibieron una vez que fui parido, pero nacer, nací solo; vivo solo aun cuando mi entorno sea numeroso, porque solo yo sé mis verdaderas necesidades, conozco mis miedos, mis frustraciones y mis logros. También moriré solo y en ese paso final de la muerte, no irá nadie.

Con esta cuarentena intima vislumbro que vine a encontrarme conmigo mismo y a través de ese encuentro encontrar a DIOS.


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