Opinión

Los soldados en la guerra contra el Covid-19

14 de abril de 2020, 4:00 AM
14 de abril de 2020, 4:00 AM

En la guerra hay que cuidar a los soldados. Esa debe ser una consigna fundamental. Y en Bolivia se libra una cruenta lucha contra el enemigo invisible llamado coronavirus. Quienes están en primera línea son los médicos, enfermeras y todo el personal de salud que está reclamando por la falta de material de bioseguridad; es decir, las armas básicas para ir al campo de batalla.

Personal de varios hospitales cruceños reclama porque no tiene el equipamiento necesario. Desde el Estado les responden que no hay material para comprar y dotar. Incluso se está optando por contratar a confeccionistas locales para que fabriquen los trajes bajo ciertos parámetros. Ese es el retrato de la paupérrima situación de la salud en Bolivia. La pobreza es la regla y en esta crisis se trata de administrarla de la mejor manera posible. Esa parece ser la tenebrosa realidad en la que ha quedado el sistema sanitario.

El enemigo principal es un virus desconocido para el mundo y hasta para los profesionales más expertos. Es un germen altamente contagioso y muy letal. Es por eso que, a la falta de equipamiento, se suma el miedo que tienen los soldados de la primera línea de esta batalla. Ellos son seres humanos y tienen familia a la que temen infectar. Es por eso que ahora mismo están clamando para que el Estado les dé la protección material que precisan.

Frente a esa realidad, es importante que el Estado, en todos sus niveles, extreme esfuerzos por dotar lo necesario a los médicos, enfermeros, personal de limpieza, camilleros, etc. que están en los hospitales. En un momento crítico para la humanidad, hay que buscar las donaciones necesarias, hay que hacer todas las gestiones posibles para que no falten las armas con las que los soldados enfrentan al temible Covid-19.

Asimismo, es preciso que el Estado dé certeza y seguridad al personal de salud. Si bien nadie sabe contra qué se está enfrentando y ya se ha anunciado un seguro de salud y de vida para el personal del sistema, quizás sea necesario también contar con apoyo sicológico que permita sostener en los momentos duros que se viven y que se avecinan, así como un sinceramiento, porque en el campo de batalla deben estar solamente quienes tienen la vocación y la convicción. 

Así como es imperioso que el Estado cumpla, también es preciso que el personal de salud anteponga la voluntad de servir a la tendencia de advertir con paros y medidas de protesta que más que perjudicar a los gobernantes, amenazan a la población que es tan o más vulnerable que quienes protestan.

Hay que estar agradecidos con los ángeles de blanco y de celeste que están en los hospitales y centros de salud. Este es el momento en que su vocación es puesta a prueba. Frente a ellos hay una población temerosa y frágil. A ellos les ha tocado estar en el frente de batalla.