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La mirada del mundo estará puesta hoy en Washington, donde tomará juramento el nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y se dará fin a la corta era de Donald Trump, quien, a diferencia de varios de los presidentes recientes de ese país, no habrá tenido dos periodos de gobierno, sino solo uno.

La ceremonia de investidura se caracterizará por un impresionante despliegue de seguridad nunca antes visto que movilizó decenas de miles de policías, soldados y agentes de seguridad en el centro de Washington, ante las amenazas de violencia de grupos extremistas seguidores de Trump, que el 6 de enero protagonizaron un asalto del Capitolio, sede del Congreso estadounidense.

El presidente saliente ha anunciado que no asistirá a la transmisión, rompiendo así 150 años de una tradición democrática que ese país conserva desde 1877 y en la que el presidente saliente acompañaba a la investidura de su sucesor.

El enojo de Trump se debe a su teoría nunca probada de que su derrota en las elecciones fue producto de un fraude electoral, y probablemente también por el fracaso y rechazo mundial al asalto armado de extremistas seguidores suyos que el 6 de enero entraron al Capitolio alentados por él en un discurso previo. Pero lejos de adoptar una política de prudencia tras sus más recientes desaciertos, Trump ha aprovechado sus últimos días de gobierno para aplicar medidas en el plano internacional que a Biden no le serán tan sencillas de desactivar.

Ayer, en su último día en la Casa Blanca, su gobierno endureció aún más el tono de las acusaciones contra China por el trato a los musulmanes uigures y acusó a Pekín de genocidio y crímenes contra la humanidad por la represión a esos pobladores de la región de Xinjiang.

También ayer golpeó con sanciones a miembros de una red supuestamente liderada por el empresario colombiano Alex Saab, que intentaba comercializar crudo venezolano, evadiendo así penalizaciones que Estados Unidos impuso a la estatal petrolera venezolana Pdvsa en 2019. La medida es una nueva sanción, la última de Trump, al régimen de Nicolás Maduro.

Ya en junio de 2020 Trump había sancionado a esa red, pero este martes decidió actualizar esos castigos e imponer restricciones económicas a tres individuos, 14 entidades y seis bancos, según un comunicado del Departamento del Tesoro.

La administración Trump asegura que esa red criminal estaba dirigida por el vicepresidente económico de Venezuela, Tareck El Aissami, y el empresario Saab, este último considerado testaferro de Maduro, y que se encuentra preso en Cabo Verde acusado de blanqueo de dinero, en proceso de extradición a Estados Unidos.

En otros asuntos de política exterior, la administración saliente le ha dejado a Biden cuatro herencias complicadas de evadir: la acusación contra Irán de ser base de operaciones de Al Qaeda, el levantamiento de restricciones a los contactos con Taiwan -lo cual incomoda a China-, la declaración de los rebeldes Huthis de Yemen como organización terrorista, y la inclusión de Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo.

Esta última medida es de interés particular en América Latina y más aun en el estado de Florida, donde la población anticastrista es mayoritariamente favorable a Trump, y hará más largo el camino de Biden para continuar el proceso de descongelamiento de las relaciones con Cuba que había comenzado el también demócrata Barack Obama. Así deja Trump el poder, con esas medidas y con un enorme desprestigio mundial por sus actuaciones poco democráticas en el plano de la política interna. Hoy comienza la era Joe Biden, y habrá al menos cuatro años para hablar de él.

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