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Mafia “autonómica”

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Miles de millones de aficionados y miles de millones de dólares: esa es la fórmula perfecta con la que la FIFA se ha convertido en una de las mafias más poderosas e impunes del mundo.

Y no… no es nada nuevo. Varias veces, en esta misma columna, apunté contra la dirigencia del fútbol sin conseguir más que algunos apoyos. Por ejemplo, el 12 de junio de 2014 publiqué un artículo titulado “Una mafia mundial” en el que acusaba al entonces presidente de la FIFA, Joseph Blatter, y al de la Federación Boliviana de Fútbol, Carlos Chávez, de beneficiarse económicamente por el manejo corrupto de un deporte que nació inocente, sin saber que se iba a convertir en el caldo de cultivo para delincuentes que se enriquecieron ante nuestros ojos.

Menos de un año después, en mayo de 2015, un total de 14 personas, incluido Blatter, eran detenidas en el Hotel Baur au Lac de Zúrich acusadas de crimen organizado y lavado de dinero por más de 150 millones de dólares. En diciembre de ese mismo año caían el presidente de la

Concacaf, Alfredo Hawitt, y el de la Conmebol, Juan Ángel Napout. En julio de 2016, Chávez también era detenido en Bolivia, por sus vínculos con esa mafia que, como confirmó una investigación de la IRS y el FBI de Estados Unidos, lucraba con sobornos por arreglar partidos, asignar sedes de competiciones y adjudicar contratos de mercadotecnia y patrocinio. Tal es, en apretadísimo resumen, la mafia que maneja al fútbol.

Y escribo en tiempo presente porque, sin importar la imagen de purga que se publicitó después, estoy seguro que la mafia sigue operando en la FIFA. La prueba está en que su normativa no ha sido modificada, especialmente aquella que, a título de autonomía de los gobiernos de los países miembros, permite que los dirigentes hagan cuanto les venga en gana. Y si surge alguna voz disonante, e incluso si algún presidente trata de meter sus narices, amenazan con alejar a los respondones; es decir, desafiliarlos. Eso fue lo que pasó cuando Evo Morales -a quien le gustan más las pelotas que los libros- intentó crear una Conmebol paralela para restarle poder a la que maneja el fútbol en nuestro continente.

Ahora le tocó el turno a Marcelo Martins. El futbolista, cuyo talento se refleja en sus goles, se enfermó de covid-19 porque la Conmebol decidió realizar la Copa América sí o sí, y tuvo la complicidad de Brasil. Con la incertidumbre sobre su futuro deportivo, protestó y la manchada Conmebol le anunció proceso. Es fácil darse cuenta que el atleta ha perdido el favor de la dirigencia y comprometido su carrera. La perjudicada será la selección, pero la mafia seguirá indemne.

* Juan José Toro Montoya - Periodista 

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