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22 de marzo de 2024, 11:33 AM
22 de marzo de 2024, 11:33 AM


Por: César Dockweiler 

Es difícil expresar con palabras la angustia y el miedo que han experimentado tantos vecinos de nuestra amada ciudad de La Paz en los últimos días. Las imágenes son desgarradoras: casas inundadas de la noche a la mañana, calles convertidas en campos de batalla por el embate de las aguas, familias enteras atrapadas en un laberinto de lodo y piedras. ¿Cómo podemos siquiera comenzar a comprender el temor que han vivido tantas familias en nuestra ciudad?

Hemos sido testigos de cientos, e incluso miles, de familias que quedaron aisladas de sus vías de conexión habituales debido al desbordamiento del río o los daños en la infraestructura. Además, hemos visto el angustiante drama de vecinos aterrados, observando cómo enormes pedazos de cerro caían sobre sus vehículos, dejando a su paso un rastro de destrucción.

Hemos presenciado imágenes verdaderamente estremecedoras cuando personas fueron sorprendidas por el desbordamiento de los ríos. Los momentos en que las personas se vieron atrapadas por el caudal de agua son desgarradores. ¿Qué pensamientos cruzaron sus mentes en esos momentos de incertidumbre y miedo? Todavía puedo ver la imagen de una señora sobre su vehículo y la del tractorista, completamente embarrado, aferrado al techo de su maquinaria.

Es difícil concebir el dolor que han experimentado las familias al enterarse de la pérdida de sus seres queridos. Nuestra ciudad ha lamentado profundamente la partida de un vecino y un trabajador municipal, ambos sorprendidos por el embate del agua de manera totalmente inesperada. La Paz ha perdido vidas que fueron arrebatadas por la fuerza impredecible de la naturaleza.

Desde el desborde de los ríos hasta los deslizamientos de tierra, los eventos que hemos presenciado son un sombrío recordatorio de la fragilidad de la vida humana frente a las fuerzas implacables de la naturaleza. Estos sucesos, desencadenados por lluvias extraordinarias y deslizamientos, no son nuevos para nosotros, recordemos episodios como la riada del 2002 o el megadeslizamiento de Callapa por ejemplo. Sin embargo, ¿qué hemos aprendido de estas experiencias? Hemos reflexionado sobre cómo afrontar estos desafíos de manera adecuada y oportuna. Años después, seguimos lidiando no solo con las lluvias, sino también con los deslizamientos de tierra.

Hoy, más que nunca, es crucial reflexionar sobre las condiciones que enfrentamos en nuestra ciudad. Si bien La Paz es un lugar hermoso y único, también está plagado de complicaciones y riesgos. Con cinco principales cuencas que convergen en el río La Paz, así como cientos de ríos subterráneos y zonas de deslizamiento activo, nuestra ciudad se encuentra en un constante estado de vulnerabilidad.

A esto se suma la intervención humana irresponsable: construcciones en zonas de alto riesgo, incumplimiento de normativas de seguridad y una falta de liderazgo por parte de nuestras autoridades. Esta combinación explosiva de factores nos ha llevado a un estado de "alta vulnerabilidad", donde nuestra ciudad se enfrenta a riesgos inminentes en cada esquina.

Ante este panorama surge una pregunta inevitable: ¿qué podemos hacer para proteger a nuestra ciudad y a nuestros ciudadanos? La respuesta es clara: es hora de dejar de lado la complacencia y la indiferencia. Es hora de asumir la responsabilidad colectiva de construir una ciudad más segura, más resiliente y más humana. Porque en última instancia, lo que está en juego no es solo la supervivencia de nuestra ciudad, sino la vida y el bienestar de cada uno de sus habitantes. Necesitamos trabajar juntos, con determinación y esperanza, para construir una La Paz donde todos puedan vivir con seguridad y dignidad. Porque si hay algo que debemos recordar en medio de la tragedia, es que la vida es nuestra prioridad absoluta.

Por ello, mi deseo es que en el futuro, de manera conjunta, construyamos una ciudad que refleje nuestras aspiraciones más profundas: un espacio donde todos podamos vivir con seguridad y compromiso con la vida, donde prioricemos la integridad de las personas y mejoremos la calidad de vida. Que esta prioridad por la vida, por construir una ciudad humana, nunca se desvanezca en La Paz.

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