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Alias Agatha

Más allá de la narrativa

Guadalupe Peres-Cajías 22/3/2021 08:22

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El sábado 13 de marzo, la ex presidenta Jeanine Añez, fue arrestada en el marco de una narrativa sobre un supuesto golpe de Estado en Bolivia. Además de ser un acto político, que contradice principios constitucionales y humanos, es un hecho que marca nuevamente la polarización entre la ciudadanía boliviana.

Por un lado, están quienes defienden esta narrativa construida; por otro, quienes cuestionan a la misma. Estos últimos alegan que no hubo un golpe de estado, sino una sucesión constitucional, a consecuencia de los acontecimientos producidos por una serie de irregularidades, en las elecciones nacionales de 2019. La tensa discusión entre ambos grupos se ha reavivado, gracias a la “activación” de la narrativa del golpe. El consenso parece imposible.

En consecuencia, es preciso ver más allá de la narrativa construida para poder superar la pugna discursiva, que podría conducir a un lamentable enfrentamiento entre bolivianos. Por ello, propongo analizar ¿por qué la necesidad de activar la narrativa construida del supuesto golpe de estado en Bolivia?

Como sugerí en una reciente publicación en redes sociales, las respuestas pueden ser varias: (1) para evadir las responsabilidades por las múltiples vulneraciones de Evo Morales y su gobierno a la Constitución Política del Estado; (2) para evitar hablar de las irregularidades electorales en octubre de 2019; (3) para justificar la aún inexplicable huida del ex presidente y su cúpula en noviembre de 2019 y el vacío de poder generado; (4) para sostener la imagen de Evo frente a la comunidad internacional como aquella construcción colonial del “buen indígena”; (5) para lidiar con la insoportable novedad para ciertos sectores del Movimiento Al Socialismo (MAS) que existen otros líderes y agrupaciones que la ciudadanía y sus supuestas bases han elegido como representantes en las recientes elecciones subnacionales.

Pienso que todos estos argumentos son posibles para activar la narrativa del supuesto golpe de Estado. Sin embargo, sólo la última permite entender la temporalidad de esta acción. Hace dos semanas, seis días antes de la detención de Añez, el electorado boliviano expresaba una pluralidad política que permitiría trascender dicotomias, como la producida a partir de la narrativa del supuesto golpe.

Entonces, se pudo evidenciar que -a diferencia de anticipados discursos triunfalistas - el MAS es la fuerza política con mayor alcance a nivel nacional; sin embargo, no es la única, ni necesariamente la más importante a nivel local. Los triunfos de Eva Copa en la alcaldía de El Alto; de Jhonny Llally, en la ciudad de Potosí; de Reyes Villa, en Cochabamba; del Movimiento Tercer Sistema, en el departamento del Beni, y de dos partidos distintos al MAS, en la gobernación y capital de Santa Cruz, son muestra de aquello.

Asimismo, lo son las futuras elecciones en segunda vuelta de las gobernaciones de La Paz, Pando, Tarija y Chuquisaca. Ciertamente, estas cuatro estarán protagonizadas por los respectivos candidatos del MAS. No obstante, está abierta la posibilidad de que ganen sus opositores.

Frente a este escenario de pluralidad política, la activación de la narrativa del golpe le permitiría al MAS capitalizar nuevamente su poder político y su representación simbólica. Con el “enemigo” construido en los actores del supuesto golpe, este partido y sus representantes se posicionan como “los defensores de la democracia” y “ del pueblo”. 

Al mismo tiempo, logran un factor de cohesión en las disidentes filas del MAS. Y finalmente, logran reposicionar a su principal líder, Evo Morales Ayma.

Como sugiere J. Campbell (2013), la mayor parte de las narrativas se caracterizan por el viaje del héroe. En este caso, este sería personificado por Morales, quien luego de haber iniciado una “forzada” y “compleja” travesía, que lo llevó a México y Argentina, retorna para impulsar una supuesta “justicia” y así convertirse en el “héroe” de la población.

En síntesis, la activación de la narrativa de un supuesto golpe -que podría conducir a Bolivia a un irreversible y lamentable escenario de enfrentamiento- se explicaría por el deseo de sectores del MAS para ganar más capital político y por la perversa e insaciable angurria de poder de su líder, Evo Morales, y la cúpula que lo consciente.

¿Quiénes apoyan esta construcción narrativa habrán pensado al respecto?

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