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Más compromiso contra el dengue

Editorial El Deber 12/2/2020 03:00

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La buena gestión pública es tal solo cuando los resultados pueden comprobarse en la vida diaria de los ciudadanos. Por ahora, la saturación de hospitales y la escasez de profesionales para atender los casos de dengue demuestran que lo que se está haciendo en salud es insuficiente, por lo menos en Santa Cruz, que es el departamento más poblado del país.

Hay emergencia por la epidemia de dengue. 10.700 pacientes han sido diagnosticados clínicamente y a 2.282 se les comprobó la enfermedad mediante laboratorio. Unos 3.500 fueron internados. Son cifras que alarman a la ciudadanía y deberían tener en la misma situación a los responsables de la salud en todos los niveles del Estado.

Sin embargo, en plena emergencia hay un paro de trabajadores de salud en el primer y segundo nivel, reclamando porque no se les pagó el salario de enero. Por si no bastara, están en apronte los médicos y los funcionarios sanitarios en la capital y provincias porque faltan ítems. Sin duda están en su derecho de reclamar lo que les corresponde, pero no tienen derecho de paralizar un servicio cuando Santa Cruz enfrenta semejante epidemia.

Tampoco se logra entender la escasa coordinación entre la Gobernación y el municipio. Nos referimos a que la Alcaldía habilita un hospital, supuestamente con 100 camas, para la atención de pacientes con dengue. Sin embargo, no fueron habilitados todos los espacios por falta de pediatras. Entonces, se promete abrir camas en otro nosocomio donde sí hay médicos que pueden atender a los niños con el mal, aunque en este nuevo lugar no hay espacio para poner más camas. Si hasta parece el juego del gato y el ratón, mientras miles de pacientes sufren las consecuencias de este mal. Es altamente preocupante que la mitad de los infectados sean niños. Es inquietante que entre los cinco fallecidos confirmados, la relación sea la misma. Y es intolerable que frente a la magnitud del problema sigan faltando ítems, no se logre la coordinación que se precisa entre autoridades nacionales, municipales y departamentales, así como que falte la sensibilidad que se precisa para protestar sin afectar a los pacientes.

Ante la alerta mundial por coronavirus, se ha visto al Gobierno actuar presuroso para prevenir que ese mal llegue a Bolivia, con sistemas de alerta en aeropuertos, con especialización de profesionales para atender el problema. Eso está muy bien. Lo que no se entiende es que la epidemia del dengue no tenga el mismo nivel de atención, a pesar del impacto que ya tiene.

Hay que tomar en cuenta que la epidemia de dengue está en ascenso; es decir que aún no hemos llegado a lo peor y, hasta aquí, han faltado acciones que demuestren la contundencia de una estrategia implacable para evitar las víctimas mortales y que el contagio no afecte a las familias ni a las fuentes de trabajo que ya tienen bajas y costos por el problema.

Encarar esta situación no es exclusiva responsabilidad de las autoridades. El ciudadano común es altamente culpable de lo que está pasando. Si se sabe que cada año en temporada de lluvia se incrementa el contagio, cómo puede ser posible que en los hogares se mantengan recipientes con agua que son criaderos de mosquitos; si se conoce que el dengue puede ser letal para personas vulnerables (ancianos, niños y personas con enfermedades de base), no se puede comprender que no se las proteja como es debido.

Aún hay tiempo de reaccionar. Urge el trabajo mancomunado de todos los niveles del Estado y también de los centros de salud privados. Ningún profesional tiene excusas para fallar en el diagnóstico y el tratamiento. En las familias tampoco se puede disculpar el descuido.