Opinión

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Más Estado, menos barriles

Decio Oddone/Ex director de la Agencia Nacional de Petróleo de Brasil

27/6/2021 09:02

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Las intervenciones son parte de la historia del petróleo en América Latina. En 1922, el general Mosconi se hizo cargo de YPF argentina. Defendió el monopolio e influyó en otros países.
México pronto nacionalizó. Ahora la producción ha ido cayendo. Bajó de 3,5 millones de barriles por día (bpd) a 1,7 millones.
Aun así, la apertura reciente se está revirtiendo. Bolivia creó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Décadas más tarde nacionalizó Gulf. En 2006, renegoció contratos con empresas como Petrobras. Las mediciones no arrojaron buenos resultados. Las reservas se han desplomado y es difícil mantener las exportaciones. 

Colombia fundó Ecopetrol y revocó concesiones. En 1970, la producción fue de 200.000 barriles. Se elevó a un millón con la creación del ente regulador y la apertura del capital de la empresa estatal. 

Ecuador estableció Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana (CEPE), más tarde Petroecuador. Ingresó a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), pero la producción se estancó. Venezuela nacionalizó en 1976. La extracción bajó de 3,5 millones a 1,5 millones de barriles. Volvió a crecer cuando atrajo empresas a invertir. Luego vino la intervención bolivariana. La producción se desplomó a menos de medio millón. 

Argentina abrió en los noventa. YPF fue privatizada. La producción se duplicó, alcanzando los 900.000 barriles de petróleo por día (bpd). Desde 2001, el entorno ha cambiado. La empresa acabó renacionalizada. La extracción se redujo a 450.000 bpd.

Petrobras y el monopolio resultaron de la campaña “el petróleo es nuestro”. En 1979, la producción estuvo por debajo de los 200.000 barriles. La internacionalización de la empresa estatal y los contratos de riesgo ayudarán en la modernización que posibilitó los descubrimientos que llevaron el volumen a 1 millón de bpd. El fin del monopolio y las subastas allanaron el camino para la entrada de capitales y el advenimiento del presal. Las políticas adoptadas en seguida condujeron a la crisis, cuando el precio cayó. Las inversiones y la extracción en cuencas maduras se desplomaron. Nuevas medidas permitieron la reanudación. La producción superó los tres millones de barriles en 2020.

Los ejemplos muestran que las intervenciones estatales en general provocaron caídas en la producción. Cuando las actividades se llevaron a cabo en pozos poco profundos, en tierra, los efectos fueron más débiles o lentos. El panorama cambió cuando las operaciones comenzaron a demandar más capital y tecnología.
La Agencia Internacional de Energía dio a conocer un escenario según el cual no habría necesidad de nuevos proyectos de petróleo y gas. Es otro indicio de que la competencia por las inversiones será cada vez más feroz. 

Como hay quienes siguen defendiendo el dominio estatal en el sector, es necesario recordar que la politización del petróleo generó más pérdidas que beneficios. Rara vez trajo los resultados prometidos. Además de privilegios, produjo dividendos políticos efímeros y dudosos, seguidos de desajustes estructurales, jamás soluciones duraderas.

Con la transición energética, los hidrocarburos perderán relevancia. Para aprovechar la ventana de oportunidad para extraerlos, el país debe superar esta discusión y atraer más inversiones. Pronto, el petróleo, como decía la vieja consigna, quedará para siempre abandonado en las entrañas del subsuelo.

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