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12 de febrero de 2017, 4:00 AM
12 de febrero de 2017, 4:00 AM

El proyecto de decreto supremo orientado al aumento de los impuestos hasta el 15%, tanto para artículos de línea blanca (lavadoras, licuadoras, etc.), como para productos de línea negra (televisores, plasmas, radios, entre otros), brinda algunos cuestionamientos: ¿qué porcentaje de las familias se verá afectado?, ¿cómo se incidirá sobre la matriz tecnológica del país?, ¿cuáles son las implicaciones sobre el contrabando y la evasión?
Se vislumbran implicaciones negativas para los consumidores, sin incidencias significativas en la matriz tecnológica del país. Contrariamente, se esperaría un fomento al aumento del contrabando y la evasión fiscal.


Se estima que la base del impuesto afectará hasta cerca del 80% de las familias del país. Según el último censo de población y vivienda en Bolivia (2012), el 66% de las familias tenían televisores; el 75% contaba con radio, 24% computadoras y el 65% de las familias poseían equipos telefónicos. Todos estos productos son gravables por el incremento impositivo considerado. Por lo tanto, existe una base imponible amplia para el incremento tributario.


En primer lugar, en Bolivia no existe producción de línea blanca, ni de línea negra;  por lo tanto, al incrementar el impuesto no se promoverá la matriz tecnológica en Bolivia, cuyo elemento fue utilizado como justificación principal para el aumento tributario propuesto. 
En segundo lugar, el incremento de los impuestos conllevará a un fomento del contrabando, interpretado como un estímulo suficiente, tanto para el comprador, como para el vendedor: la razón fundamental se basa en los diferenciales de precios (con y sin impuestos).


De hecho, una teoría clásica del contrabando señala que los importadores, en un número significativo de casos, realizan una combinación óptima entre productos importados legales y de contrabando, con el objetivo de mejorar sus ganancias. Lo anterior se encuentra en función de los aranceles aduaneros, la calidad de las instituciones (transparencia y corrupción), así como de los detectores tecnológicos.


 Tercero, el incremento de impuestos en estos artículos, o en ciertos sectores económicos, refleja una necesidad de recaudar fondos para cubrir parcialmente la situación deficitaria del sector público en  Bolivia.


Cuarto, los aumentos de impuestos siempre estarán en contra del consumidor, quien trata de elevar su nivel de bienestar al comprar la mayor cantidad de bienes y servicios, al menor precio posible. No es factible mejorar la calidad de vida de un país, donde los bienes normales en países comparativos (línea blanca y línea negra; ejemplo en Chile, Colombia o Perú), llegarían a transformarse en bienes de lujos para nuestro país.


Quinto, existe soporte empírico para la relación directa entre las tasas impositivas y el nivel de evasión fiscal, tal como sugiere Berger y colaboradores (2015): por cada 1% de incremento en las tasas impositivas, la evasión fiscal se incrementa en 0,30%, tomando como ejemplo a Austria (un país formal), en cuyo país el 99% de las familias cuenta con televisores o radios. 


De forma contraria al pensamiento común, la eliminación de los impuestos arancelarios es la única manera para prescindir del contrabando, de la evasión fiscal y fomentar la competitividad interna. Al reducir los aranceles de importación, los consumidores se beneficiarían.   


El libre comercio mejora el bienestar: induce a que las familias puedan comprar bienes y servicios a precios más baratos; fomenta a la competencia para que las empresas nacionales sean más eficientes y competitivas con otros países. 


No existe ninguna relación entre los impuestos de línea blanca y línea negra para fomentar a la producción nacional en tecnología. No hay que pensar solo en la oferta, sino en la demanda. El sinónimo de impuesto (forzoso) es cargo por pagar sin posibilidad de discusión 

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