Opinión

Más paro, menos bloqueo

El Deber 10/7/2019 04:00

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Santa Cruz fue protagonista, una vez más, de un paro contundente, el tercero en 18 meses. A diferencia de los dos anteriores, ayer hubo menos bloqueos, menos presión para lograr el acatamiento, y los ciudadanos lo cumplieron disciplinadamente.

Enviaron así un mensaje claro al Tribunal Supremo Electoral y al Gobierno: el rechazo a la escasa claridad con que se están organizando los comicios nacionales y la protesta porque el voto popular del referéndum del 21-F, que dijo No a la cuarta postulación consecutiva de Evo Morales y de Álvaro García Linera, fue desconocido por un fallo constitucional y después por la decisión de los vocales electorales.

Las amenazas de organizaciones afines al MAS, como Amdecruz y gremialistas, se diluyeron porque no se dio lugar a enfrentamientos, salvo contadas excepciones.

Las instituciones que dependen del Estado nacional abrieron sus puertas, pero sus funcionarios casi no tuvieron público al que atender.

Autoridades nacionales, como el ministro de Trabajo, advirtieron que quien no llegue a su fuente laboral, sería sancionado con descuentos.

Es así que varios servidores públicos confesaron haber asistido caminando para cumplir con los mandantes. En contrapartida, aunque fueron contados los casos, en algunos puntos de bloqueo hubo consumo de bebidas alcohólicas.

El Gobierno nacional se esforzó en descalificar el paro cívico y a los dirigentes del Comité pro Santa Cruz, pero sus portavoces terminaron admitiendo que hubo acatamiento.

La medida fue seguida por los miembros del Conade y por otros dirigentes regionales, quienes ya hablan de un paro cívico nacional, aunque sin fecha definida. La voz de los cruceños retumbó en el país y si bien es la inspiración para que se hable de una medida similar a escala nacional, es recomendable la prudencia ya que son pocas las regiones que históricamente han demostrado esa contundencia en el país. Es más, la convicción ciudadana es un capital valioso que debe ser cuidado, a fin de no provocar un innecesario desgaste.

Ya se ha dicho que circunstancias como ésta son la oportunidad para darle alas a la creatividad y generar protestas novedosas, que no dividan a los bolivianos y que sean constantes, a fin de que las llamadas de atención de la ciudadanía generen un impacto real en el poder constituido. La convicción demostrada por hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, cambas y collas puede caer en la frustración en la medida que no logren los objetivos trazados por el liderazgo cívico. En tal sentido, el capital ciudadano debe ser cuidado al máximo y los conductores de las movilizaciones tendrían que diseñar una estrategia de largo aliento capaz de demostrar eficacia en la lucha por el respeto a la Constitución y al voto de los ciudadanos.

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