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Más sobre el bosque de Pura Pura

Robert Brockmann 24/12/2020 05:00

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En mi anterior artículo, publicado el 10 de diciembre, relataba la conexión entre el bosque de Pura Pura y su posible creador, Alcides Arguedas, basado en mis conclusiones sobre el voluminoso “Diario intimo” inédito de ese autor. En él, Arguedas relata cómo durante años él y sus empleados habían sembrado miles, o posiblemente decenas de miles de eucaliptos a lo largo de varios años en la década de 1930 y 1940 en su propiedad en el actual barrio paceño de La Portada. El lugar era entonces inimaginablemente distinto de lo que es ahora.

Dada la relativa vecindad de La Portada con el bosque de Pura Pura, atribuí a Arguedas el origen de ese hoy importantísimo rasgo paceño. Me alegra decir que el artículo movió a varias personas a revisar el asunto y encontrar más información al respecto. Esto es lo que se econtró en los días siguientes.

Enrique Ackermann, nieto de Arguedas, de niño pasó temporadas en la propiedad familiar en La Portada. Su abuelo escribió en la casa de hacienda su “Historia de Bolivia”. Era un enorme solar que prácticamente colindaba con el Cementerio General y que, con las propiedades de las familias Rodríguez Balanza y Quintanilla, formaban una unidad continua con lo que hoy queda del bosque de Pura Pura.

A ello hay que añadir que el investigador Roberto Ossio Ortubé atribuye al austriaco Adalberto Violand, a un gerente de la Bolivian Railway de apellido Hesket y quizás a José Salmón Ballivián la importanción y el sembrado de otros tantos eucaliptos en las inmediaciones.

Cuando menciono “terrenos” en el contexto de La Portada y Pura Pura, imaginamos pequeñas parcelas de unos cientos de metros, rodeadas de paredes de ladrillo. Pero antes de 1952 el concepto tenía una dimensión muy diferente.

Tras su muerte en 1946, el terreno de Arguedas en La Portada fue heredado por sus tres hijas. En 1953 sobrevino la Reforma Agraria y, a pesar de estar situada dentro del radio urbano, fue expropiada, excepto una fracción de 30.000 metros cuadrados, en la que estaba la casa de hacienda, relata Ackermann. Si esa era la fracción de consuelo, cabe imaginar el tamaño de la totalidad del terreno. El de entonces era otro país.

Con el tiempo, los ex colonos de la hacienda ocuparon también el terreno remanente y la casa de hacienda se convirtió en una escuela que ya no existe. Los funcionarios de la Reforma Agraria no repartieron esa tierra, sino que la vendieron: saque usted sus conclusiones. Los nuevos popietarios talaron todos y cada uno de los miles de árboles —todavía jóvenes— sembrados por Arguedas et al, y así surgió uno de los barrios paceños más densamente poblados.

Incluso “sobrevolando” en el Teleférico sobre la actual La Portada es imposible imaginar hoy cuán diferente era aquello en la década de 1940, dice Ackermann. Tendría uno que haber conocido. Colinas, arroyos, estanques, árboles, vegetación.

Ese fue el destino de toda la propiedad de Arguedas, probablemente también el de la familia Rodríguez Balanza, y quién sabe qué porcentaje de Quintanilla, y quizá de Violand, Hesket y Salmón Ballivián, si es que tuvieron parte allí.

En resumen, la superficie plantada de árboles de eucalipto en las décadas de 1930 y 1940 por iniciativa de varios individuos —Alcides Arguedas uno de ellos— era bastante más grande de lo que hoy es el “bosquecillo” de Pura Pura. Hoy, igual que sus pares cochabambino en el Parque Nacional Tunari y el Cordón Ecológico de Santa Cruz, sufre de presión demográfica por los cuatro costados y está siendo carcomido poco a poco.

Esos tres espacios forestales son de todos los habitantes de sus respectivas ciudades, que merecen la protección firme de las autoridades.

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