Opinión

Melancolía

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11 de noviembre de 2018, 4:00 AM
11 de noviembre de 2018, 4:00 AM

“Cuando los tejidos se deshilan, no hay nada que pueda resolver el enigma de su primera hebra”

Escribo con una melancolía letal. Este planeta necesita respirar un nuevo oxígeno, que purifique el pensamiento y nos conduzca a mejores días. La violencia genera violencia, el odio es peor que el Infierno de Barbusse o Dante.

Nadie puede adivinar lo que el otro está pensando, cada pensamiento es una rutina o un abandono. Algunos piensan, porque no tienen más remedio. Otros no lo hacen, prefieren vivir de ilusiones, de zambullidas forzosas, el naufragio de su corazón, tal vez les devuelva la razón. La mayoría, ni siquiera se pone a meditar sobre la debilidad o la fuerza, sobre la energía o la inercia, sobre el bien o el mal, son los seres grises que no distinguen los colores y cubren su cuerpo de un incienso inexistente. La humanidad está sobreviviendo entre la humareda del horror y del abismo. El pensamiento del siglo XXI era cibernético, era de máquinas y robots. El hombre es el reflejo pálido de la criatura que fue cuando Penélope inició su tarea de hilar y deshilar. Ninguna orilla queda cerca, la nada es la primera hebra, la nada está nadando solitaria en la Itaca del olvido.

Si pudiésemos disentir de las inútiles farsas, no tuviésemos que ponernos una máscara para lucir perfectos. Si aceptarnos tal y cual somos fuese un reglamento universal, el mundo no estaría en un caos y los laberintos siempre encontrarían algún acceso al entendimiento. Sin embargo, la ciencia progresa, la sofisticación de las armas nucleares es una competencia, para destruir, para deshonrar lo más preciado, la vida humana, a la cual todos pertenecemos. Si analizamos una calavera, se podrá saber la antigüedad, el año y causa de la muerte, nunca se conocerá su procedencia, su cultura, ni los rasgos y facciones que acompañaron a su piel. En aquel mundo de las calaveras, no hay negros, ni blancos, ni indios, ni amarillos, nuestra especie es absolutamente igual.

Siempre nos preguntamos, ¿quién tiene la razón? Todos asentimos al creernos dueños de todas las verdades. ¡Somos tan falsos los humanos!

La perfección no está afuera de nuestra osamenta, está más allá de todas las cosas, “Dios es la verdad y la vida”. Hay diversidad de religiones y aquello tampoco nos diferencia. Los que no creen, no son ni mejores, ni peores que los que tenemos una creencia. Se trata de saber respetar a los otros. Es tener la conciencia libre para enfrentar el reto de todos los días.

Cuando los seres humanos aprendamos de algunas especies animales, cuando nos reconozcamos en el otro, respetemos los derechos de todos los seres vivientes, recién podremos decir que hemos progresado. Pareciera que recién fuimos paridos y viviéramos en el siglo cero, en un circuito cerrado y sinsentido.

 

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