14 de agosto de 2023, 4:00 AM
14 de agosto de 2023, 4:00 AM

Los presupuestos de 2024 para las Gobernaciones del país se verán disminuidos en Bs 300 millones, una disminución del 6,7% con relación a los ingresos del presente año. Según el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, el bajón del techo presupuestario para la próxima gestión se debe a que habrá menos ingresos por concepto del IDH y de regalías petroleras departamentales, los cuales se han visto afectados por la caída del precio internacional del petróleo y por los menores volúmenes de gas que Bolivia ahora vende a Brasil y Argentina. El Gobierno asegura que esta disminución es ocasionada exclusivamente por los referidos factores externos.

La Gobernación de Santa Cruz, en particular, tendrá una de las mayores afectaciones, ya que su techo presupuestario bajará de Bs 1.056 millones, en 2023, a Bs 929 millones, en 2024, lo que significa una caída del 12%. El reclamo departamental no se ha hecho esperar. Desde la Gobernación cruceña han advertido que diversos proyectos de electrificación, construcción de carreteras y perforación de pozos de agua se verán afectados. Criticaron que el nivel central reduzca presupuestos y que luego presione a las Gobernaciones para que aporten financiamientos de contraparte.

Hay una de cal y una de arena en esta mirada económica: Si se toma en cuenta el techo presupuestario global para el departamento –incluyendo municipios, universidad, además de la Gobernación–, se obtiene un monto de Bs 3.936 millones para 2024, lo que representa un incremento del 0,9%. Muy pequeño, por cierto, pero incremento al fin. Esto se debe, según explicación del Ministerio, a que los ingresos por coparticipación tributaria y por regalías mineras han aumentado.

A la luz de estos datos oficiales, se puede anticipar que la ejecución de proyectos y de servicios públicos seguirán signados por la austeridad, sobre todo en el departamento de Santa Cruz, cuyas tasas de crecimiento poblacional son mucho más altas que el modesto crecimiento presupuestario previsto para la próxima gestión. Y no hay señales de que la situación pueda mejorar, al menos por el lado de los ingresos por hidrocarburos. 

El mismo Gobierno admite que el país está pagando las consecuencias de no haber invertido lo suficiente en exploración petrolera en el pasado, pero asegura que ahora sí se lo está haciendo. Sólo que los posibles beneficios de esta nueva política recién se verán a mediano y largo plazo.

La situación sería más llevadera si existiera un espíritu más colaborativo entre el nivel central y el departamental. Lo que se observa, más bien, es falta de confianza y claridad en el manejo de las finanzas públicas. El Gobierno no se cansa de señalar que la ejecución presupuestaria de la Gobernación es baja, que tiene saldos no utilizados en sus cuentas y que sus propias recaudaciones tributarias no cumplen las metas trazadas. Esto debería aclararse de manera oportuna para evitar desencuentros entre ambas instancias.

En definitiva, la Gobernación cruceña deberá ajustarse el cinturón en los próximos meses, porque así pinta el panorama proyectado por el centralismo. No le queda otra que sentarse a planificar y negociar con el Gobierno la ejecución de obras de responsabilidad compartida. Con una buena coordinación y colaboración se podrá cubrir de mejor manera las necesidades en salud, educación, obras de infraestructura y otras, y así evitar los consabidos conflictos políticos que derivan de la inoperancia estatal y de la manía de echar la culpa a la otra parte.