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Mentiras verdaderas

Pablo Mendieta 18/2/2021 05:00

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No me refiero a la película con Arnold Schwarzenegger de 1994, donde él y su esposa tenían una doble vida (similar al filme “Sr. y Sra. Smith” con los Angelina Jolie y Brad Pitt en 2005). Aludo a este juego de palabras porque en estos meses han circulado medias verdades y mentiras, que han polarizado la discusión sobre políticas públicas.

Una se refiere a los “14 años” y otra a los “11 meses”, disputando lo bueno y lo malo que ocurrió en ambos periodos. Adelanto que la respuesta definitiva a quiénes son los héroes y los villanos no la podemos tener inmediatamente.

La primera razón es que, en general, todos tenemos el corazón muy inflamado con lo que ha sucedido. Nuestra emoción nubla la razón; y en vez de intentar comprender otros argumentos, buscamos más bien apoyar nuestros puntos de vista. Los psicólogos y economistas conductuales llamamos a este fenómeno como “sesgo de confirmación”.

De hecho, el historiador estadounidense John Hope Franklin señaló que “la escritura de la historia refleja los intereses, predilecciones, e incluso los prejuicios de una generación determinada”.

Los hechos todavía están muy frescos como para tener una evaluación concreta de ambos periodos.

En el caso de los 14 años, los intentos más formales en el plano económico han sido las investigaciones de Rómulo Chumacero y de Rodrigo Burgoa (en contra) y de los hermanos Joab y Daney Valdivia (a favor).

En cuanto a los 11 meses, es probable que no podamos conocer cuánto fue el efecto de uno o de otro. Hubo una fuerte disputa entre los órganos ejecutivo y legislativo que desembocó en el bloqueo de recursos externos en el momento más necesario.

Por tanto, no podremos conocer si la menor inversión pública fue por una intención deliberada del gobierno de turno o por el bloqueo de recursos externos de parte del parlamento.

Además, mientras no se cuente con información accesible será difícil hacer la evaluación. Por ejemplo, el estado de las empresas públicas es todavía una incógnita; por lo cual no se puede hacer una valoración adecuada en cada caso en particular.

Debo aclarar que la evaluación de lo que pasó en ambos periodos no sólo es conveniente, sino necesaria. Hago eco del consejo del escritor irlandés Oscar Wilde, quien señaló que “el principal tributo que le debemos a la historia es reescribirla”. Pero sugiero hacerlo cuando las condiciones sean adecuadas.

Hoy más que argumentos, tenemos meras defensas de creencias con un fundamentalismo preocupante. El costo de estas posiciones tan cerradas es altísimo.

En su lugar, debemos discutir seriamente cuál es la estrategia para retomar las actividades económicas en los siguientes meses para que la pandemia no implique consecuencias indeseadas.

Durante estos meses varios rubros y sectores quedaron afectados. Algunos de ellos están muy dañados y, sin las medidas del caso, no podrán retomar las actividades, como es el turismo y la gastronomía. O en otros casos, la interrupción podría generar secuelas en otros sectores relacionados, tal cual es el caso del mercado inmobiliario y de la construcción.

No me queda duda que nuestro país se recuperará de esta crisis tan dolorosa, tal cual está sucediendo en otras latitudes. Las dos principales interrogantes son a qué velocidad y cómo se cerrarán las brechas de financiamiento de los sectores más afectados y de aquellos que podrían estar relacionados.

En pleno periodo electoral pude escuchar a varios especialistas en análisis político. Ellos indicaban que encuestas y grupos focales apuntaban que la población no estaba interesada en lo que ocurrió en 2019, sino en cómo salir de la crisis sanitaria y económica.

Uno de los errores del gobierno de transición fue centrarse en la narrativa de los 14 años como eje discursivo principal. Y, paradójicamente, la principal debilidad de la actual administración es la misma, sólo que enfocada en los 11 meses.

Sin quererlo, ambas parecieran apoyar lo dicho por el historiador griego Tucídides: “La historia es un incesante volver a empezar.”

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