Opinión

Mi barricada

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26 de octubre de 2019, 22:58 PM
26 de octubre de 2019, 22:58 PM

Estuve en una barricada bloqueando la circulación de carros en mi barrio. La verdad es que la primera noche me fui hasta La Cuchilla y volví al día siguiente. Eso no le gustó para nada a mi suegra porque “yo, más que cívico era una plaga que tenía el celular apagado y vaya saber dónde se fue la fichinga esta “vociferó. Al día siguiente ella se adhirió a mi humanidad y exigió que vayamos por el Cristo porque ahí estaba la prensa en pleno y ella soñaba con aparecer a la tele para que su Bolivia dijo No, la escuche y vea Evo y admita la segunda vuelta.

Lo cierto es que seguiremos en las calles a no ser que, antes de que salga esta edición, el presidente dé su brazo, antebrazo y muñeca a torcer. Admitiendo su chanchullo, como una póliza que garantice la paz en el país y el ejercicio de la democracia sin trampas, que exigimos todos los bolivianos, le diga un sí a nuestro no.

Obviamente otra trinchera en la que me guarecí fueron las redes sociales. Hay de todo y entre las cosas que me llamaron la atención, es que vi y escuché a un hombre que, en la puerta de una venta, teniendo de fondo la bandera de Bolivia, estaba tocando con su bandoneón Cunumicita. Estaba completamente solo. Como el Falutista de Amelin, tenía embrujado a todos y nadie cruzó su bloqueo. Parecía que le cantaba a la bandera diciéndole “Ya verás que lindo es, amarte con emoción, mi amor te lo daré, Bolivia con todo el corazón”

Pero lejos de cifras y análisis ideológicos partidarios, como no sé hacer música les conté una anécdota, aprovechando que mi acompañante fue a descansar bajo un toborochi que la proteja del sol. Les conté a los manifestantes que, por tercera vez consecutiva le robaron a mi suegra sus collares. Ella me contó que los collares obviamente los tenía colgados en el coto, resbalando por su escote. No le creí y le pregunté ¿cómo viaja usted en micro con sus joyas”? ¿Cómo era posible que no sintiera que le estaban robando? y ella me respondió “si, sentí, pero pensé que era con buenas intenciones”.

Uno de los muchachos me dijo “cuento viejo” y admití que era un viejo chiste pero que ilustra lo que nos ha pasado a los bolivianos. Nos han vuelto a meter mano. Los perlas nos robaron las perlas para seguir en el árbol de las peras. Ya no más.

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