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7 de septiembre de 2017, 4:00 AM
7 de septiembre de 2017, 4:00 AM

Igual que Martin Luther King dijo tener un sueño, en este mes de septiembre soñemos cruceños, primero por una autonomía plena, no solo la que nos otorga la Constitución y las leyes –que muchas veces parecen simplemente una tira de papel–, sino también por la liberación espiritual, personal, para terminar con el conservadurismo anacrónico y marchito; que el machismo lo enterremos en el pasado y que las mujeres alcancen su emancipación. Sueño que de norte a sur y del oriente a poniente, nos sintamos ciudadanos activos en el destino de este terruño y no cómplices silenciosos por nuestra culpable y cobarde indiferencia.

Sueño porque el diálogo y el ejemplo, sean los instrumentos para que la juventud tome una sabia decisión en su futuro, hoy confundida por la globalización que únicamente venera el individualismo, el dinero, la cultura del consumo y del entretenimiento.

Sueño porque la enseñanza tenga como objetivo educar a un pueblo, no solo para ofrecerle herramientas de superación en la vida, sino también para no ser engañados vilmente por supuestos caudillos y demagogos.

Sueño porque padres y maestros asuman la responsabilidad de moldear el conocimiento, pero también la matriz moral. Que el ejercicio profesional sirva para ganar dignamente el pan de cada día, sin tener que hacer de la ciencia un puente para enriquecerse a costa del chantaje, de la desesperación o la ignorancia de la gente.

Sueño que no haya más perseguidos, ni refugiados o exiliados. Que rija la libertad a plenitud y que los presos no sufran retardación o extorsión de los administradores de justicia. En mi sueño, tampoco caben los rehenes de la droga maldita o del alcohol, que corroe el cuerpo de jóvenes, casi niños(as), ni que existan discriminados por la pobreza, la religión o el color de la piel. Sueño por tener autoridades, dirigentes e instituciones que actúen con prontitud ante la urgencia impetuosa del ahora, habida cuenta que este no es el momento de ‘tener el lujo de enfriarse o tomar tranquilizantes de gradualismo’.

Sin embargo, cuando despierto y veo nuestra realidad, me siento exigido a parafrasear a Benedetti: “…no cedas aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento. Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento”. Solo así fundiremos en una sola voluntad la unión de todos los cruceños, sin personalismos ni egoísmo alguno. 

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