Opinión

Michis y miserables

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20 de octubre de 2017, 4:00 AM
20 de octubre de 2017, 4:00 AM

Los Miserables, obra de Víctor Hugo, es un formidable clásico de todos los tiempos en la literatura universal. Es el drama de un hombre que por robar un pan cargó con la culpa y castigo para toda su vida.

No lo tengo aún terminado, pero dice así:

Este era un señor que tenía unos pantalones muy anchos y por ello se le reían en su trabajo. El, no tenía para comprarse otros y decidió que de tal desventaja sacaría provecho.

Trabajaba en un Palacio donde a más de un rey, reinaba la desorganización y la falta de control en las arcas imperiales. Entonces entró donde estaba el tesoro y se embutió unas monedas. Nadie se dio cuenta y volvió a repetir el robo, tantas veces que, de pobre salió a ser un rico muy conocido en la villa porque, apareció de la noche a la mañana con una inmensa fortuna.

Lo que el romántico mozalbete quería, era deslumbrar con su fortuna a una princesa no muy agraciada pero eso sí, muy escogedora. Dejó de ser un plebeyo cualquiera y ahí brilló en los salones, donde además de la corte real, estaba Ali Babá y los 40 ladrones.

El rey estaba muy preocupado porque robar, que antes era muy grave, se había convertido en una especie de deporte para protegidos, aunque habían en las cárceles muchos de ellos, purgando culpas por sus actos dolosos.

El mancebo, al ver a los 40 ladrones, se creía la ‘tuti’, porque su fortuna no provenía de asaltos, ni crímenes. Su botín, provenía, del botín a la cintura de su pantalón ya que, acuño la frase de forrarse en plata, porque eso era lo que era; un pícaro que se forraba su cuerpo en plata y salía de las bóvedas reales, más feliz que un gato y más gordo que obeso que se alimentaba de comida chatarra.

Cuando ya llamó la atención de la princesa, lo pillaron. La princesa lo rechazó pero no por ser un miserable ladrón si no por ser un michi saca plata, ya que un alto personaje de la corte, dijo que esa plata no significaba nada, por lo tanto no era un ladrón destacado; era un pobre diablo millonario.

No tengo un mensaje final para que mi cuento sirva para enseñar valores a mis nietos que van a creer que cualquiera puede robar, si no afecta a la Corte pero, así como hubo un hombre que por robarse un pan fue condenado de por vida, sería bien decir que no es el valor del dinero sino el valor de la ética, la decencia y la honestidad las armas con las que se conquistan princesas, aunque sean narigonas.

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