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31 de diciembre de 2023, 15:41 PM
31 de diciembre de 2023, 15:41 PM

Carlos Jahnsen

El programa radical de cercenamiento del Estado en la economía y la privatización de casi todo lo estatal no es invento de Javier Milei, el nuevo presidente de Argentina. Esto ya lo hicieron antes Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en Estados Unidos.

Para Thatcher y Reagan, el neoliberalismo se traduce en una lucha contra el fiscalismo o intervencionismo de Estado, por lo general con altos déficits fiscales, a través del control monetarista de la oferta monetaria y se plasma en la política económica de fuerte reducción de los gastos del Estado, corte de beneficios sociales y libertad al mercado.

​ En el caso de Thatcher, que gobernó Inglaterra desde 1979 hasta 1990, esta política se conoce como el “fin del Estado de bienestar”. Para Thatcher, las condiciones favorables para el mercado son aquellas que facilitan el trabajo económico con pocas regulaciones gubernamentales, bajos impuestos de empresas y procesos no burocráticos a la hora de autorizar nuevos productos.

Con una mayor productividad se quiere generar más dinero en general, y esto debería llevar a que todo el mundo estuviera mejor. Durante el thatcherismo se vendieron empresas y propiedades estatales a privados. Uno de sus mayores logros fue la reducción de la inflación de 25% a 10%. La lucha contra la inflación fue radical, lo que provocó una recesión en 1981 y un rápido aumento de la tasa de desempleo.

​ Algunos efectos fueron, por ejemplo, que de 1981 a 1991 el número de propietarios de viviendas pasó de 10 millones a 13 millones en Inglaterra y Gales. Alrededor de un millón de viviendas estatales se vendieron a personas privadas. Los ingresos mensuales de las familias entre 1979 y 1990 aumentaron de 1.084 libras esterlinas (unos 1.279 euros) a 1.368 libras esterlinas (unos 1.614 euros).

La diferencia entre ricos y pobres aumentó. Entre 1979 y 1990, el número de niños en situación de pobreza se incrementó de dos millones a más de tres millones. La proporción de jubilados cayó por debajo del umbral de pobreza. entre 1979 y 1990, de 13% al 43%. La tasa de desempleo no tuvo grandes cambios y se movió del 4% al 6%.

A finales de los 80, Inglaterra experimentó un boom. La tasa de desempleo cayó, la economía creció fuertemente y los precios de la vivienda se dispararon. Sin embargo, el crecimiento fue tan fuerte que volvió a disparar la inflación. El crecimiento económico fue insostenible. En 1991, al auge de los ochenta siguió otra recesión.


La situación económica de Inglaterra y de Argentina no es idéntica al momento del giro político-económico, tal vez en algunos aspectos lejanamente comparables. Estos datos son solo una orientación respecto de las tendencias que se podrían revelar con el tiempo en Argentina con una política radical de mercado.


Crisis económica y social en Argentina, el “Estado bonsai” y el drástico giro político–económico de Milei


Considerando la profunda crisis económica y social que vive Argentina en sus distintas expresiones y con distintos gobiernos de varias décadas, todo cambio positivo en términos de una reducción de la inflación, generación de empleo e ingreso (por más bajo que sea) en el corto y mediano plazo, y que ofrezca además una perspectiva de mejora más larga que un periodo legislativo, es una bendición. Especialmente para ese 40% que resbaló a la pobreza en los últimos gobiernos populistas y demagogos, y que hasta el día de hoy busca desesperadamente perspectivas.

Las medidas de excepción hasta 2025, dictadas recientemente por Milei, muestran una radicalidad sin alma que supera a la de Thatcher en su momento. Milei da un salto al vacío con la intención de refundar Argentina económica y socialmente. La terapia de shock arrastrará inicialmente a los asalariados hacia una situación desesperante. El corte de los gastos fiscales en 5,1% del PIB, podando al Estado al tamaño de un bonsai, la devaluación del peso argentino en 118%, entre otras medidas, indica que los asalariados cargarán sobre sus espaldas con toda dureza el ajuste de los precios relativos.

Es una operación sin anestesia. En términos del dólar, los salarios reales se convierten en los de país del tercer mundo. Milei utiliza los salarios como un ancla nominal para parar la inflación. Así esto sea temporal, Argentina se da ahora cuenta de la profundidad de su caída y se verá en los siguientes dos a tres años el nivel de compensación gradual que se podría generar a través de la actividad de inversiones y generación de empleo e ingreso.

Aún se tiene que esperar para ver si la unificación del tipo de cambio y el incremento de la inflación provocado es el camino para introducir el dólar en la Argentina. Milei es un producto de una desarrollo histórico específico en la economía y política de Argentina. Con el gobierno de Milei, el sector privado tiene una oportunidad de oro para acomodar su capital en forma de inversiones y revertirlas en altos beneficios, más altos que en el kirchnerismo.

Con Milei, Argentina se convertirá en un “paraíso” para capitales privados nacionales y extranjeros, y probablemente también para el emprendurismo mediano y pequeño. Las inversiones congeladas en los últimos años fluirán debido a que las expectativas de riesgo se reducirán drásticamente. Esto generará empleo e ingreso. Generará producción para exportaciones, un ingreso gradual creciente e ingresos de impuestos crecientes. Primero fluye el dinero y luego los impuestos.


La deuda pública expresada en moneda nacional no se pagará, estas generalmente no se las paga. Esta se convertirá en un parámetro relativo debido a que el ratio de la deuda pública en relación al PIB se reducirá por el crecimiento económico, asumiendo que Argentina lo tendrá. El que el Estado llegue a un punto de cero déficit es parte de la ideología ultra neoliberal de Milei que, desde Thatcher, repiten como mantra.

En términos de estabilización macroeconómica no hace sentido reducir el déficit a cero, ni tendría algún efecto negativo si el Estado tuviera un déficit mínimo. A lo sumo, es un mensaje a los mercados financieros para demostrar que Milei seguirá utilizando la motosierra y no una podadora.

En el contexto de un Estado deficitario en moneda nacional, vale recordar que la deuda pública y los activos privados se mueven inevitablemente juntos, es decir que los déficits fiscales son siempre saldos de activos privados. Quiere decir que el dinero nuevo creado por el Estado en la época del kirchnerismo y durante la pandemia está en las cuentas privadas de los sectores privados.


Una vez que el gobierno de Milei decida ir por el camino de la dolarización y Argentina sea parte de la política monetaria de los Estados Unidos, una inflación elevada será parte del pasado. Frente al beneficio de una dolarización en Argentina, de reducir el promedio de la inflación, se tiene también que considerar costos. Dolarización no significa automáticamente desarrollo. El costo macroeconómico de la dolarización podría darse en un aumento de la volatilidad de la producción, de la economía.

El sector industrial tiene que pasar por un ajuste radical con todos los efectos en términos de desempleo y reducción de la demanda agregada. En caso de que los ciclos económicos de Argentina y Estados Unidos estén correlacionados, la política monetaria anticíclica del Banco Central norteamericano será un sustituto muy cercano de la política monetaria independiente del Banco Central argentino.

En este caso, la dolarización de Argentina, aunque signifique renunciar a una política monetaria independiente, no será muy costosa. Pero en caso de que la producción, es decir la economía argentina, no esté correlacionada o está correlacionada negativamente con la economía de los Estados Unidos, de modo que las expansiones en uno de los dos países tienda a coincidir con las recesiones del otro, entregar la soberanía monetaria a Estados Unidos tiene costos considerables con un potencial desestabilizador para la Argentina.


En el corto y mediano plazo, en los siguientes 4 años, Milei gobernará con mano dura y sin compromisos, autoritariamente, como muestran las medidas de excepción aprobadas y que estarán vigentes hasta 2025. Dependiendo de la oposición en el Parlamento y en las calles, podría ser que Milei vaya por el camino de Fujimori en Perú: cerrar el Parlamento.

Lo que parece un locura podría ser una medida sin alternativa

El cambio o la eliminación de 350 leyes que apuntan al derecho laboral, a la ley de arrendamiento, al sistema de pensiones y al sistema financiero son parte de la terapia de shock de Milei. En la medida que su gobierno controle la inflación de 140%, estabilice la economía y controle también a la oposición política, la transformación gradual dará un empujón al giro propuesto y a la actividad económica.

La oposición política, especialmente la de los sindicatos, será dura, posiblemente larga y podría radicalizarse. En el contexto de la refundación económica y social que persigue Milei, podría ser posible que tome medidas duras para quebrar a los sindicatos en la Argentina y crear propios, siguiendo el ejemplo de Thatcher. Ella doblegó, después de muchos meses de oposición y huelgas, a los sindicatos mineros.

Al final de una lucha política, la estabilidad lograda, el empleo y el dinero generado en forma de ingreso que se sentirá en las billeteras de una parte creciente de la población, debilitará y probablemente acallará a la oposición. Por los efectos de los cambios y eliminación de leyes en un proceso de vorágine desreguladora, las inversiones del sector privado nacional y extranjero, la generación de empleo y de ingreso, la balanza económica y política se inclinarán gradualmente a favor de Milei, aumentando su caudal de apoyo político.

Esto será resultado más de una política de generación de una nueva identidad económica y social en base a un “homo Mileis” amasado por su economía libertaria. En qué medida Milei logre transformar socialmente a Argentina, depende de muchos factores y resultados de su reforma ultra radical.


La política-económica libertaria

de Milei será parte del problema


Desde el punto de vista de los libertarios como Milei, el conflicto entre el intervencionismo de Estado deudor y el control monetarista de la oferta monetaria, va más allá; reducir su programa político-económico a ese conflicto sería engañoso. Los libertarios (el término libertario se remonta al siglo XIX y tenía un significado diferente: anarquismo social) o los anarcocapitalistas, tienen otra definición de libertad.

Su objetivo no es liberarse de la autoridad, sino liberarse del Estado. Quieren abolir el Estado. Todo el poder debería recaer en los empresarios, sin control democrático del Estado. La reducción del poder regulador del Estado se la entiende como más libertad. Pero una sociedad, como la que sueñan los libertarios, significaría en el fondo menos libertad para la mayoría de la población.

El Estado tiene razón de ser y tiene funciones centrales de ordenamiento de la libertad, nos garantiza derechos de libertad y cogestión y al menos impide una explotación excesiva. Los libertarios rechazan todo esto. Tienen una creencia casi religiosa en el libre mercado. Es una comprensión sin miramientos, implacable de la libertad.

Que los representantes del gobierno de Bolivia que lean este comentario no salten de júbilo, debido a que la economía boliviana se encuentra atascada entre un estatismo anacronista; mejor dicho, entre un idiotismo estatista y una anarquía económica informal y criminal, donde de facto no existe el Estado o este está camuflado con actividades mafiosas. Es un gobierno incapaz de hacer una oferta político-económico viable más allá del conocido modelo disfuncional y chatarra. Este idiotismo estatal y político es lo que lleva a la oposición política a estar soñando con un Milei boliviano.


El problema de los liberales: pensar solo en el individuo y no en la sociedad

Bien, lo que comienza ahora en Argentina como solución a una profunda crisis y, tal como se vio en Inglaterra, termina generalmente siendo parte del problema. Esto es intrínseco a la ideología liberalista/libertaria radical. No hay vuelta que dar. Lo que es seguro es que, en el largo plazo, 8 a 15 años, asumiendo que algo así como un mileínismo o “leonismo” argentino persista, se tendrán las enfermedades sociales y de infraestructura pública privatizadas, similares a las que dejó el thatcherismo.

El problema de los liberales radicales y del liberalismo en general es que para ellos solo existe el individuo y no una sociedad. Thatcher lo expresó así: “No hay tal cosa como sociedad”, de igual manera para ella no existía el “dinero público”. Tampoco existe algo así como una obligación para los individuos (a o ser las que Milei imponga). La libertad neoliberal es la ausencia de imposición u obligación.

Hayek, artífice del neoliberalismo y al que Milei le tiene devoción religiosa, expresa en “La Constitución de la Libertad” (1971) que un trabajador asalariado, amenazado de hambre y por ello obligado "a aceptar un trabajo que le repugna por un salario muy bajo y está a merced de la única persona que está dispuesta a emplearle", no tiene ninguna obligación. Depende del asalariado venderse o no.

En otras palabras, la libertad del asalariado no se ve menoscabada mientras no se le obligue conscientemente a ponerse a trabajar para otro. Para Hayek, estas circunstancias no son diferentes “de las de una catástrofe natural”: un incendio o una inundación que destruyan su casa, o un accidente que dañe su salud. Y los efectos de una catástrofe natural no entran en el ámbito de la moral del comportamiento, por lo tanto, no tiene nada que ver con la libertad liberal libertaria del individuo.

Acciones asignadas al individuo en el orden libertario de Milei

Cualquier orden liberal, y así será tambien en el orden libertario de Milei, vive de asignar acciones. En él se tiene que poder responsabilizar a los individuos. Esto no es efectivamente posible en un extremo de la escala social si los individuos son demasiado pobres, tienen una educación deficiente o están demasiado mal informados para asumir su responsabilidad asignada.

En el otro extremo de la escala social también es imposible responsabilizar a los individuos, si son tan poderosos que todo lo que hacen tiene efectos y consecuencias colaterales para la economía y sociedad, así estas no sean intencionales. Niklas Luhmann, sociólogo y abogado alemán escribe que “El Estado constitucional deja de funcionar si la libertad no puede ejercerse sin consecuencias negativas para los demás”.

En ese sentido, el cambio que generará Milei y su política-económica, y la nueva definición de libertad, dejarán en gran parte desprotegida a la sociedad debido a que no tiene una respuesta convincente a la cuestión central de como distribuir la libertad en el marco de ese cambio libertario. Esto se debe a que el poder que tendrá el sector empresario privado en la política-económica libertaria de Milei, pone en duda toda asignación y por lo tanto su responsabilidad respecto de efectos negativos.

Las contradicciones y los costos

de la libertad propuesta por Milei

La libertad que imponga Milei con su política-económica va a tener contradicciones y costos para los individuos y para la sociedad. Por lo tanto, el mileínismo en el largo plazo no será la solución para los desmadres sociales que genera un capitalismo que tiene la libertad de convertirse en vorágine. Tampoco solucionará los problemas que son intrínsecos a su política económica, como por ejemplo el de posible estanflación en los siguientes años y después del boom económico, cuando el humo de sus medidas y efectos positivos se vayan disipando.

Tampoco Milei puede influir en el ciclo económico de Estados Unidos. Por lo tanto, las enfermedades de la política económica del mileínismo están y estarán camufladas como virtudes hasta que sean insoportables como sociedad. Estas enfermedades camufladas serán celebradas como la victoria de un campeonato de River Plate o de Boca Junior. Eso es parte de una política-económica que se convertirá para muchos creyentes y beneficiados en ideología o religión.

Argentina es propensa a ello y no sería nada extraño. Además, para el sistema neoliberal financiero, un personaje como Milei podría ser una ventana de oportunidades, un experimento bienvenido si le va bien. Gana él, así sea por un corto ciclo, y gana ese sistema neoliberal financiero.

El sistema del capitalismo financiero necesita nuevas estatuas doradas. Por ello, no sería nada extraño que a Milei le den el premio Nóbel de Economía en los siguientes años, así sea esta más una decisión política-estratégica de intereses propios de los que organizan ese premio. Ya lo demostraron en diferentes ocasiones, por ejemplo con el Premio Nobel de la Paz. Sea como fuere, ya se verá hacia donde se mueve Argentina con Milei y que pasará en el nuevo paraíso naciente del capitalismo motosierra, liberal libertario.

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