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Mínimo común múltiplo en Santa Cruz

Pablo Mendieta 20/5/2021 05:00

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Hace dos semanas compartí la columna “(La falta de) una agenda nacional”, recalcando el interés de tener una renovada hoja de ruta nacional para acelerar la recuperación económica y social.

Hoy invito a que reflexionemos sobre las agendas regionales, porque son tan pertinentes como la nacional, pese a la limitada autonomía que tienen de hecho los departamentos y los municipios. Por razones obvias me centraré en Santa Cruz.

Claramente la agenda regional cruceña fue marcada por el Memorándum de 1904 escrito por la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos en septiembre de ese año. Además de una fuerte apelación a la integración nacional, ha sido inspiracional para enfrentar el abandono de hace cien años. Resuena todavía la frase “no pedimos a nuestros compatriotas que nos traigan el progreso… nosotros lo obtendremos con nuestros esfuerzos.”

Fruto de la influencia del citado documento, en este siglo se construyeron diversas visiones con deseos comunes, aunque con énfasis propios de los autores y del contexto en el cual fueron escritas.

A manera de ejemplo, solo tomo tres documentos de referencia con los que estoy más familiarizado, excusándome por las omisiones.

En principio tenemos el Memorándum de la Nación Camba de 2001, redactado por Carlos Dabdoub, Ángel Sandoval y Sergio Antelo, que proponía “profundizar la democracia, acceder a la autodeterminación nacional, ratificar nuestra identidad colectiva, defender y proteger nuestros recursos naturales, promover la integración continental y formular un nuevo pacto con el Estado Boliviano”.

También se cuenta con el Manifiesto de 2005, que cierra con un desafío y una aspiración al decir: “El único camino es …. juntos fundar y desarrollar el país que siempre debimos haber tenido.” El documento redactado por Alcides Parejas, Susana Seleme y Ruber Carvalho tuvo el apoyo de más de medio centenar de personalidades regionales en ese entonces.

Y, finalmente, se encuentra la propuesta “Desafíos del Siglo XXI para Santa Cruz” (DSCZ) elaborado a iniciativa y con el esfuerzo de Cainco sobre la base de un estudio cualitativo (entrevistas y grupos focales) y cuantitativo (reconstrucción de la historia, análisis de situación actual y proyecciones de las dimensiones demográfica, económica, social, ambiental y tecnológica). Está disponible en www.santacruzdata.com.

En la parte declarativa señala: “Todos los días la Bolivia del Siglo XXI palpita en las ciudades y en el campo de nuestro Departamento. Los frutos de nuestro esfuerzo han alimentado a nuestros compatriotas de todo el país y la construcción de nuestro futuro seguirá el mismo rumbo. Aspiramos en este siglo XXI, a darle a Bolivia las fuerzas de nuestra economía productiva, y entregarle también nuestra inteligencia y compromiso para orientar y conducir su futuro político nacional e internacional”.

Tuve el privilegio y la satisfacción de participar en el ámbito técnico de este último documento. Mientras mi trabajo técnico en la Agenda 2025 significó conocer las diversas facetas del país y la exclusión social en la mayor parte de su historia, DSCZ me imbuyó en la crónica del dinamismo cruceño, las lecciones de su éxito, las actuales carencias y los retos hacia adelante.

Pues bien, puse como ejemplo tres documentos con visiones sobre Santa Cruz y su futuro. Creo que es hora de encontrar sus comunes denominadores y plantear la agenda de la región hasta 2025. No solo el país ha cambiado en diversos aspectos, sino también el mundo por la pandemia y la revolución tecnológica.

En su última obra José Luis Roca (Economía y Sociedad en el Oriente Boliviano, Siglos XVI-XX) ponderó el avance de Santa Cruz y señaló que se requería “imaginación y creatividad” como la mostrada por quienes lideraron el despegue cruceño desde 1950. Sin embargo, advirtió que sin esos componentes “la prosperidad actual de Santa Cruz podría convertirse en un mero referente histórico.”

Alcanzar el éxito es un hito; mantenerlo es una proeza. Para ello, una agenda concreta es inexcusable.



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